Principios Gnósticos

Es necesario ahora profundizar en algunos de los PRINCIPIOS que han caracterizado a la Gnosis de todos los tiempos.

Aquél que no se ha interesado nunca en bucear en el extenso mar de los fundamentos doctrinarios de la eterna Gnosis, es fácil que caiga en la tentación de formarse una idea rápida de lo que implica este conocimiento revelador, y, consecuentemente, poco objetiva y real.

Se acusa, por ejemplo, al Gnosticismo de ser una doctrina corporal y sensual, pero quienes así han procedido, ignoran los postulados gnósticos acerca de la condición del hombre actual en el marco de la creación. Es indudable que la humanidad se ha ido degenerando con el pasar de los siglos, y para corroborar esto, basta mirar las negras páginas de la negra historia y nos daremos cuenta de que, en vez de hacernos mejores, nos hemos vuelto peores en todos los sentidos.

El Gnosticismo jamás ha aceptado ni aceptará nunca la salvación del Alma por un simple acto de fe, pues esto equivaldría a aceptar que la mecánica evolutiva del tiempo termina haciéndonos a todos perfectos, lo cual hace entonces innecesarios todos los sufrimientos soportados por todos aquellos mártires, enviados, iluminados o profetas en su intento por mostrar al hombre una vía de regeneración y salvación.

Es por esta razón que algunos grupos gnósticos antiguos expresaron: «Yo sufro en mi vestidura corporal a la que ellos (los Yoes psicológicos) me trajeron, y me arrojaron (del círculo de la eternidad) a este valle (de la existencia)».

No es la GNOSIS una doctrina que odie el cuerpo, sino una ideología que comprende que el hombre es prisionero de la naturaleza y de un gran número de leyes que ella posee, y es por esto que otras agrupaciones gnósticas como la antigua congregación de Benarés, exclama:

El nacimiento es sufrimiento (porque nacemos con la Conciencia dormida), la decrepitud es sufrimiento (por la citada razón), la muerte es sufrimiento, estar unido a lo que no se ama es sufrimiento, no tener lo que se desea es sufrimiento. Es la permanente exigencia del deseo la que produce el retorno de las Almas, acompañado todo esto por una entrega apasionada, una atracción por la vida, en una forma u otra, o sea, por el placer sensual, la existencia o la aniquilación».

Se anatematiza, a veces, al Gnosticismo, siendo, en cambio, un sistema místico-filosófico que trata de explicar a la humana especie la razón de sus sufrimientos.

El pensamiento gnóstico actualiza la tesis de la existencia de AGREGADOS PSÍQUICOS (muy conocida en el Tíbet), dentro de la anatomía psíquica del hombre terreno, y la misma ha sido sostenida durante muchos siglos por otras civilizaciones precristianas, cristianas y postcristianas.

No olvidemos a los DEMONIOS ROJOS DE SETH, contra los cuales combatía el hombre espiritual egipcio; los CARA-AMARILLAS y KALIYENI que cerraban el paso al héroe indostánico ARJUNA, en su intento de buscar su Liberación interior. Asimismo conviene citar a los 400 SURIANOS, que comandados por COYOLXAUHQUI, intentaban aniquilar a HUITZILOPOCHTLI (máxima divinidad de los antiguos aztecas). Igualmente evoquemos a los FILISTEOS y GOLIAT que acosaban al pueblo de Israel, anhelante de salvación mística.

El mismísimo Jesús hubo de arrojar de su templo (interior) a comerciantes groseros (entidades psicológicas indeseables) que intentaban profanar su interioridad divina. Lo hizo Jesús utilizando el látigo (de la voluntad). Los antiguos helenos también participaron de esta simbología al mostrar a la posteridad la lucha entre PERSEO y la abominable MEDUSA, o en otro caso, el de los cretenses, cuando plantearon la lucha a muerte entre TESEO y el MINOTAURO. En el mundo persa esta lucha se sostuvo teológicamente entre AHURAMAZDA y AHRIMAN como enemigo antitético.

Todas las anteriores concomitancias son las mismas dejadas en sus enseñanzas por diversos expositores gnósticos a través de los siglos, y quienes han sido vilmente condenados por intereses clericales, acusando, en tal actitud, un desconocimiento doctrinario de fondo. Tal es el caso de Valentín, que no ha sido bien comprendido al haber expresado en la antigüedad lo siguiente:

Y le ocurre al corazón algo semejante a lo que le sucede a un albergue en el que pernoctan personas groseras... Éstas no cuidan el lugar, porque no es de ellos. Ocurre lo mismo cuando se descuida el corazón (asiento de los puros sentimientos). Permanece impuro y es la morada de multitud de demonios (Yoes psicológicos).

Es función del Gnosticismo darle verdadera identidad anímica o espiritual a la criatura humana, ya que ésta última, escudriñada profundamente, no es más que un manojo de entidades caprichosas y energéticas que luchan constantemente entre sí y que no poseen objetividad alguna. Con palabras del DR. SAMAEL AUN WEOR, afirmamos:

En nombre de la Verdad, declaro solemnemente que el Ser es la única Real Existencia, ante cuya transparencia inefable y terriblemente divina, eso que llamamos Yo, Ego, mí mismo, sí mismo, es meramente tinieblas exteriores, llanto y crujir de dientes.

El Yo, el Ego, está constituido por sumas y restas de elementos subjetivos, inhumanos, bestiales, que incuestionablemente tienen un principio y un fin.

Asimilarnos la naturaleza del SER implica, para quienes lo deseen, una autoaniquilación de su Yo, como trabajo previo.

En este sincero trabajo, voluntario el devoto es asistido por su Pneuma (Espíritu), dado que la creación de Alma es el resultado de una fuerza centrípeta (la disciplina rigurosa del anhelante y su lealtad doctrinaria) y una fuerza centrífuga (el dinamismo revelador del SER que busca desarrollar la AUTOGNOSIS a través de la humana experiencia).

El instrumento que participa de esta experiencia es llamado, en estos estudios, la «CONCIENCIA». Desgraciadamente, ella, aunque guarda en sus entrañas el prístino tesoro del Conocimiento ultradivinal, es en estos momentos prisionera de los diversos elementos psicológicos que reciben el nombre de «AGREGADOS PSÍQUICOS INDESEABLES», al decir de muchas doctrinas orientales.

Disolviendo el Yo, la Esencia (la Conciencia) despierta, se ilumina, se libera; entonces deviene como secuencia o corolario, el AUTOCONOCIMIENTO, la AUTOGNOSIS.

Ostensiblemente, esta develación extraordinaria nos invita a morir en sí mismos a fin de que el Ser se manifieste en nosotros.

El SER, como fuerza libre, llevando en su naturaleza la OMNISCIENCIA, es capaz de ejercer control sobre la creación, la naturaleza y sus elementos componentes y, por ende, sobre el cosmos entero; toda vez que él conoce el resorte secreto de la existencia y las diferentes mutaciones que han tenido lugar en el escenario de la Cosmogénesis y la Antropogénesis.

Por tanto, cuando se tiene al SER, se poseen además sus atributos y esto es lo que muchas veces hicieron los auténticos magos como Moisés, Jesús, Zoroastro, Hermes Trismegisto, Quetzalcóatl, etc.

Personajes fueron ellos, en quienes se manifestó, cada vez que fue necesario, una voluntad suprahumana capaz de desatar los más insospechados fenómenos metafísicos o paranormales.

Incuestionablemente, sólo a través de un profundo «querer ser», podemos alcanzar esa misteriosa potencia que subyace innata en nuestros trasfondos íntimos y que la Gnosis denomina REAL SER.

Es asimismo lamentable que algunos autores, poco informados, hayan asociado al Gnosticismo con tendencias heréticas y anticristianas. Esto es un absurdo, puesto que los primeros Padres de la Iglesia reconocen en la Gnosis su mejor apoyo. Recordemos que el mismo Jesús estuvo ligado a la casta de los Esenios, cuyas manifestaciones Gnósticas están reconocidas universalmente. El gran místico San Agustín, se declaró teológicamente como gnóstico.

Sin embargo, conviene aclarar que muchas sociedades amparadas (a lo largo de la historia) en la palabra “Gnosis”, han transitado mostrando doctrinas muy lejos de lo que en verdad viene a ser el Gnosticismo. Pero, por otra parte, el mismo Serge Hutin afirma: «Se ha acusado a los Cátaros y Templarios de entregarse a la sodomía; tales acusaciones son falsas, pero estas costumbres han sido practicadas por sectas más oscuras».

Las concepciones místico-filosóficas de los gnósticos acerca de Dios y la creación en general, tan criticadas por organizaciones religiosas dogmáticas, tienen raíces ontológicas trascendentales que explican de manera más idónea la naturaleza de lo divinal.

A este respecto es bueno señalar lo siguiente:

Todas las naciones tienen a su primer Dios o Dioses como andróginos; no podría ser de otro modo, puesto que consideraban a sus lejanos progenitores primitivos, sus antecesores de doble sexo, como Seres divinos y Dioses santos, lo mismo que hacen hoy los chinos.

En efecto, la concepción artificiosa de un Jehová antropomórfico, exclusivista, independiente de su misma obra, sentado allá arriba en un trono de tiranía y despotismo, lanzando rayos y truenos contra este triste hormiguero humano, es el resultado de la ignorancia, mera idolatría intelectual.

Lo que los gnósticos de todos los tiempos han rechazado, no es el Dios desconocido, Uno y siempre presente en la Naturaleza, o la Naturaleza In Abscondito, sino al Dios del dogma ortodoxo, a la espantosa Deidad vengativa de la Ley del Talión (ojo por ojo y diente por diente).

En la palabra “Elojim” (Elohim) encontramos una clave trascendental que nos invita a la reflexión.

Es un hecho incontrovertible, no solamente desde el punto de vista esotérico sino también lingüístico, que el término “Elohim” es un nombre femenino con una terminación plural masculina.

La traducción correcta, stricto sensu, del nombre Elohim, o mejor dijéramos “Elojim”, pues en hebreo la “h” suena como “j”, es DIOSAS y DIOSES.

Los génesis apócrifos de muchas religiones, no publicados a causa de intereses oscuros que no quieren ser tocados para no escandalizar a muchos ciegos, comienzan diciendo: «Y el Espíritu de los principios masculino y femenino se cernía sobre la superficie de lo informe, y la creación tuvo lugar».

Con esto queremos enfatizar lo siguiente:

Incuestionablemente, una religión sin Diosas está a mitad del completo ateísmo.

Si queremos de verdad el equilibrio perfecto de la vida anímica, debemos rendir culto a Elojim (los Dioses y las Diosas de los antiguos tiempos), y no al Jehová antropomórfico, rechazado por el Gran Kabir Jesús.

El culto idolátrico del Jehová antropomórfico en vez de Elojim, es ciertamente un poderoso impedimento para el logro de los estados concientivos supranormales.

Los antropólogos gnósticos, en vez de reír escépticos –como los antropólogos profanos–, ante las representaciones de Dioses y Diosas de los diversos panteones azteca, maya, olmeca, tolteca, inca, chibcha, druida, egipcio, hindú, caldeo, fenicio, mesopotámico, persa, romano, tibetano, etc., etc., etc., caemos prosternados a los pies de esas Divinidades. Porque en ellas reconocemos al Elojim Creador del Universo. “Quien ríe de lo que desconoce, está en el camino de ser idiota”.

Incuestionablemente, las facultades de cognición humana, jamás podrían pasar más allá del imperio cósmico del Logos macho-hembra, el Demiurgo Creador, el Ejército de la Voz (el Verbo).

JAH-HOVAH, el PADRE-MADRE secreto de cada uno de nos, es el auténtico JEHOVÁ.

JOD, como letra hebrea, es el MEMBRUM VIRILE (el Principio Masculino). EVE, HEVE (EVA), lo mismo que HEBE, la Diosa griega de la Juventud y la novia olímpica de Heracles, es el YONI, el Cáliz divino, el Eterno Femenino.

El divino Rabí de Galilea, en vez de rendir culto al Jehová antropomórfico de la judería, adoró a su divino Macho-Hembra (Jah-Hovah), el Padre-Madre interior.

El Bendito crucificado en el Monte de las Calaveras, clamó con gran voz diciendo: “Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”. RAM-IO, ISIS, su Divina Madre Kundalini le acompañó en el Via crucis.

Concluimos este aspecto teológico diciendo que:

La desviación del Demiurgo Creador, la antítesis, lo fatal, es la inclinación hacia el egoísmo, el origen real de tantas amarguras.

Indubitablemente, la conciencia egoica se identifica con Yahvé, el cual, según Saturnino de Antioquía, es un Ángel caído, el Genio del Mal.