La Iluminación Particular o la Autognosis

Igualmente la Dra. Elaine Pagels nos introduce mediante su obra, Los Evangelios Gnósticos, en el terreno de la aspiración de los gnósticos a la gracia de la Iluminación, ofrecida a la humanidad, desde tiempos remotos, por los Patriarcas, Enviados, Profetas, Santos y hasta por el mismísimo Mesías, Jesús el Cristo, en el sermón de las Bienaventuranzas. Veamos:

El Movimiento Gnóstico compartía ciertas afinidades con los métodos contemporáneos de exploración del Ser, a través de técnicas psicoterapéuticas. Tanto el Gnosticismo como la psicoterapia valoran sobre todo el conocimiento, el autoconocimiento que es percepción íntima. Coinciden en que, careciendo de él, la persona experimenta la sensación de ser movida por impulsos que no entiende. Valentín lo expresó en forma de mito. Narra de qué manera el mundo nació cuando la sabiduría, madre de todos los seres, lo sacó de su propio sufrimiento. Los cuatro elementos que, según los filósofos griegos constituían el mundo (tierra, aire, fuego y agua) son formas concretas de las experiencias de la sabiduría: “Así la tierra surgió de su confusión, el agua de su terror; el aire de la consolidación de su dolor; mientras que el fuego… era inherente a todos estos elementos… como la ignorancia yacía escondida en estos tres sufrimientos.

De esta forma el mundo nació del sufrimiento (la palabra griega pathos que aquí se traduce por sufrimiento, connota también ser el receptor pasivo de la experiencia y no su iniciador. Valentín, o uno de sus seguidores, cuanta una versión distinta del mito en el Evangelio de la Verdad: “La ignorancia… produjo angustia y terror. Y la angustia se hizo sólida como una niebla, de forma que nadie podía ver. Por esta razón el error es poderoso… La mayoría de la gente, por tanto, vive en el olvido o, por decirlo con términos contemporáneos, en el inconsciente. Permaneciendo inconsciente de su propio ser, no tiene raíces. El Evangelio de la Verdad califica semejante existencia de pesadilla. Aquellos que viven en ella experimentan terror y confusión e inestabilidad y duda y división, viéndose atrapados en muchas ilusiones. Así, según el pasaje que los estudiosos llaman la parábola de la pesadilla, vivían

como si estuvieran profundamente dormidos y se encontraban en sueños turbadores. O bien hay un lugar hacia el que huyen o, sin fuerzas, vienen de hacer perseguido a otros, o descargan golpes, o los reciben ellos, o han caído desde lugares altos, o se remontan en el aire aunque ni siquiera tienen alas. De nuevo, a veces, es como si la gente les estuviera asesinando, aunque ni siquiera hay nadie que los persiga, o ellos mismos matan a sus vecinos, pues se han manchado con su sangre. Cuando todos los que pasan por estas cosas se despiertan no ven nada, ellos que estaban en medio de estos trastornos, porque no son nada. Así ocurre con aquellos que han alejado la ignorancia de sí como sueño, dejando sus obras detrás en la noche… Esta es la forma en que todo el mundo ha actuado, como si estuviera dormido en el momento en que era ignorante. Y esta es la forma en que ha llegado al conocimiento, como si se hubiera despertado.

Los gnósticos decían que una persona así, mora en la deficiencia (lo contrario de la satisfacción). Porque la deficiencia consiste en ignorancia: “Como con la ignorancia de alguien, cuando llega a tener conocimiento su ignorancia se evapora por sí sola; del mismo modo que la oscuridad desaparece cuando aparece la luz, también la deficiencia se evapora con la satisfacción. La ignorancia de uno mismo es también una forma de autodestrucción. Según el Diálogo del Salvador, quien quiera que no entienda los elementos del universo y de sí mismo, está destinado al aniquilamiento:

Si uno no entiende cómo nació el fuego, se quemará en él, porque no conoce su raíz. Si uno no entiende primero el agua, no sabe nada… Si uno no entiende cómo nació el viento que sopla, correrá con él. Si uno no entiende cómo nació el cuerpo que lleva, perecerá con él… Quien quiera que no entienda cómo vino, no entenderá cómo se irá…

¿Cómo o dónde debe buscarse el conocimiento de uno mismo? Muchos gnósticos comparten una segunda premisa importante con la psicoterapia: ambos están de acuerdo en contra del Cristianismo ortodoxo, en que la psique lleva dentro de sí misma el potencial para la liberación o la destrucción. Pocos psiquiatras estarían en desacuerdo con las palabras que se atribuyen a Jesús en el Evangelio de Tomás:

Si sacas lo que está dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacas lo que está dentro de ti, lo que no saques te destruirá.

Semejante percepción lleva gradualmente, a través del esfuerzo: reconoce lo que está ante tus ojos y lo que está oculto te será revelado. Tales gnósticos reconocían que la búsqueda de la Gnosis coloca a la persona en un proceso solitario, difícil, ya que uno lucha contra la resistencia interna. Esta resistencia a la Gnosis la caracterizaban como el deseo de dormir o estar borracho, es decir, de permanecer inconsciente. Por esto Jesús (que en otra parte dice: YO SOY EL CONOMICIENTO DE LA VERDAD) declara que cuando vino al mundo:

Los encontré a todos borrachos, no encontré a ninguno de ellos sediento. Y mi alma se afligió por los hijos de los hombres, porque son ciegos en sus corazones y no tienen vista; pues vacíos llegaron a este mundo y vacíos pretenden marcharse de este mundo. Pero por el momento están borrachos.

El Evangelio de Tomás también advierte que el descubrimiento de uno mismo entraña confusión interior:

Jesús dijo: que aquel que busca siga buscando hasta que encuentre. Cuando encuentre, se turbará. Cuando se turbe, quedará asombrado y gobernará sobre todas las cosas.

Similares advertencias acerca de la adquisición del auto conocimiento iluminador, nos hace el Presidente Fundador de la Gnosis Contemporánea, Dr. Samael Aun Weor. Observemos:

La auto Gnosis, o RECONOCIMIENTO AUTO GNÓSTICO del SER, dada la vertiente antropológica del Pneuma o Espíritu, resulta algo decididamente Salvador.

Conocerse a sí mismo, es haber logrado la identificación con su propio Ser Divinal.

Saberse idéntico con su propio Pneuma o Espíritu, experimentar directamente la identificación entre lo conocido y lo cognoscente, es eso que podemos y debemos definir como auto Gnosis.

Ostensiblemente, esta develación extraordinaria nos invita a morir en sí mismos a fin de que el Ser se manifieste en nosotros.

Por lo contrario, alejarse del Ser, continuar como Ego dentro de la Herejía de la Separatividad, significa condenarse a la Involución Sumergida de los Mundos Infiernos.

Esta reflexión evidente nos conduce al tema de la “Libre Elección” gnóstica. Incuestionablemente, el gnóstico serio es un elegido a posteriori.

La gnóstica experiencia permite al sincero devoto, saberse y Autorrealizarse íntegramente.

Entiéndase por Autorrealización el armonioso desarrollo de todas las infinitas posibilidades humanas.

No se trata de datos intelectuales caprichosamente repartidos, ni de mera palabrería insubstancial de charla ambigua.

Todo lo que en estos párrafos estamos diciendo, tradúzcase como experiencia auténtica, vívida, real.

No existe en las corrientes gnósticas el dogma de la predeterminación ortodoxa, que nos embotellaría lamentablemente en una estrecha concepción de la Deidad Antropomórfica.

El AUTO CONOCIMIENTO del Ser es un movimiento supra-racional que depende de él, que nada tiene que ver con el intelectualismo.

El abismo que existe entre el Ser y el Yo es infranqueable y por esto el Pneuma, el Espíritu, se reconoce y este reconocerse es un acto autónomo para el que la razón subjetiva del “mamífero intelectual” resulta ineficaz, insuficiente, terriblemente pobre.

Auto Conocimiento, Auto Gnosis, implica la aniquilación del Yo como trabajo previo, urgente, impostergable.

El Yo, el Ego, está constituido por sumas y restas de elementos subjetivos, inhumanos, bestiales, que incuestionablemente tienen un principio y un fin.

La Esencia, la Conciencia, embutida, embotellada, enfrascada, entre los diversos elementos que constituyen el Mí Mismo, el Ego, desafortunadamente se procesa dolorosamente en virtud de su propio condicionamiento.

Disolviendo el Yo, la Esencia, la Conciencia, despierta, se ilumina, se libera, entonces deviene como secuencia o corolario, el auto Conocimiento, la auto Gnosis.

Indubitablemente, la Revelación legítima tiene sus basamentos irrefutables, irrebatibles, en la auto Gnosis.

La Revelación Gnóstica es siempre inmediata, directa, intuitiva; excluye radicalmente las operaciones intelectuales de tipo subjetivo, nada tiene que ver con la experiencia y ensamble de datos fundamentalmente sensoriales.

La inteligencia o NOUS en su sentido Gnoseológico, si bien es cierto que puede servir de basamento a la Intelección Iluminada, se niega rotundamente a caer en el vano intelectualismo.

Resultan palmarias y evidentes las características ontológicas, pneumáticas o espirituales de Nous (Inteligencia).

En nombre de la Verdad declaro, solemnemente, que el Ser es la única Real Existencia, ante cuya transparencia inefable y terriblemente divina, eso que llamamos Yo, Ego, Mí Mismo, Sí Mismo, es meramente tinieblas exteriores, llanto y crujir de dientes. (Extractos de la obra La Doctrina Secreta de Anáhuac, cap. Antropología Gnóstica).

Para hacerle a nuestro lector más inteligible este asunto de la auto Gnosis, o auto Iluminación, permitamos al Dr. Samael Aun Weor, describirnos el funcionamiento, que dentro del ser humano, tiene el llamado desarrollo psíquico. Veamos:

Toda sensación es un cambio elemental en el estado de la psiquis. Existen sensaciones en cada una de las Seis Dimensiones básicas de la Naturaleza y del Hombre, todas ellas acompañadas de cambios elementales de la psiquis.

Las sensaciones experimentadas dejan siempre una huella en nuestra memoria. Tenemos dos tipos de memoria: la espiritual y la animal. La primera conserva los recuerdos de las sensaciones experimentadas en las Dimensiones Superiores del Espacio. La segunda conserva el recuerdo de las sensaciones físicas. Los recuerdos de las sensaciones constituyen las percepciones.

Toda percepción física o psíquica es, realmente, el recuerdo de una sensación.

Los recuerdos de las sensaciones se organizan en grupos que se asocian o se disocian, se atraen o se repelen.

Las sensaciones se bipolarizan en dos corrientes perfectamente definidas. La primera obedece al carácter de las sensaciones. La segunda obedece al tiempo de recepción de las sensaciones.

La suma total de varias sensaciones convertidas en causa común se proyecta externamente como objeto. Entonces, decimos: este árbol es verde, alto, bajo, tiene olor agradable, desagradable, etc. Cuando la percepción es en el Mundo Astral o en el Mental decimos: este objeto o sujeto tiene tales cualidades, tal color, etc. En este último caso la suma total de sensaciones es interna, y su proyección es también interna, pertenece a las dimensiones Cuarta, o Quinta, o Sexta, etc. Las percepciones físicas las vemos con el aparato físico y, las psíquicas, con el aparato psíquico. Así como tenemos sentidos físicos de percepción, así tenemos también sentidos psíquicos de percepción. Todo aquel que recorre la senda de la Iniciación tiene que desarrollar estos sentidos psíquicos.

Los conceptos se forman siempre con los recuerdos de las percepciones. Así, los conceptos emitidos por los grandes Adeptos fundadores de religiones se deben a los recuerdos trascendentales de sus percepciones psíquicas.

La formación de percepciones conduce a la formación de las palabras y a la aparición del lenguaje. La formación de percepciones internas conduce a la formación del lenguaje mántrico y a la aparición del Lenguaje de Oro en que parlan los Adeptos y los Ángeles.

Es imposible la existencia del lenguaje cuando no hay conceptos, y no hay conceptos cuando no hay percepciones. Aquellos que lanzan conceptos sobre los Mundos Internos sin haberlos percibido jamás, por lo común falsean la realidad, aun cuando tengan buenas intenciones.

En los niveles elementales de la vida psíquica muchas sensaciones son expresadas con gritos, alaridos, sonidos, etc., que revelan alegría o terror, placer o dolor. Esto sucede en el mundo físico y también en los Mundos Internos.

La aparición del lenguaje representa un cambio en la Conciencia. Así, también, cuando el discípulo ya comienza a parlar en el Lenguaje Cósmico Universal, se ha hecho un cambio de Conciencia. Sólo el Fuego Universal de la Serpiente y la disolución del Ego reencarnante puede provocar semejante cambio.

Concepto y palabra son una misma substancia. El concepto es interno y la palabra es externa. Este proceso es semejante en todos los niveles de la Conciencia y en todas las dimensiones del Espacio. Las ideas son únicamente conceptos abstractos. Las ideas son conceptos más grandes y pertenecen al mundo de los Arquetipos Espirituales. Todas las cosas existentes en el mundo físico son copias de esos Arquetipos. Durante el Samâdhi, el Iniciado puede visitar en viajes astrales o superastrales el mundo de los Arquetipos Espirituales.

El contenido místico de las sensaciones y emociones trascendentales no puede ser expresado en lenguaje común. Las palabras sólo pueden sugerirlos, señalarlos. Realmente, sólo el Arte Regio de la Naturaleza puede definir esas emociones superlativas y trascendentales. En toda civilización serpentina se conoció el Arte Regio. Las pirámides de Egipto y México, la Esfinge milenaria, los viejos monolitos, los sagrados jeroglíficos, las esculturas de los Dioses, etc., son los arcaicos testigos del Arte Regio que sólo hablan a la Conciencia y a los oídos de los Iniciados. El Iniciado aprende este Regio Arte durante el Éxtasis místico.

El Espacio, con sus propiedades, es una forma de nuestra receptividad sensible. Esto lo comprobamos cuando, mediante el desarrollo de los chakras, llegamos a percibir todo el Espacio en forma tetradimensional, en lugar de la forma tridimensional a la cual antes estábamos acostumbrados.

Las características del mundo cambian cuando cambia el aparato psíquico. El desarrollo de los chakras hace que el mundo cambie para el Iniciado. Con el desarrollo de los chakras eliminamos de nuestra mente los elementos subjetivos de las percepciones. Subjetivo es lo que no tiene realidad. Objetivo es lo Espiritual, lo Real.

Con el despertar de los chakras mediante la disciplina interna, viene un aumento de las características psíquicas. La novedad en el territorio psíquico obscurece los cambios que procesan simultáneamente en la percepción del mundo físico. Se siente lo nuevo, pero el Iniciado no es capaz de definir lógicamente y en forma axiomática la diferencia científica entre lo viejo y lo nuevo. El resultado de semejante incapacidad es la falta de perfecto equilibrio conceptual. Es, pues, urgente lograr el equilibrio conceptual para que la exposición doctrinaria de los Iniciados pueda cumplir correctamente su finalidad.

El cambio de Conciencia es el objetivo verdadero de la disciplina esotérica.

Necesitamos la Conciencia Cósmica. Ésta es el sentido de una Conciencia del Cosmos; esto es, la vida y el orden del Universo.

La Conciencia Cósmica trae a la existencia un nuevo tipo de intelectualismo: la Intelección Iluminada. Dicha facultad es una característica del Superhombre. Existen tres tipos de Conciencia. Primera: Conciencia simple; segunda: Autoconciencia individual; tercera: Conciencia Cósmica. La primera la poseen las bestias. La segunda el animal intelectual llamado hombre. La tercera la tienen los Dioses.

Los rasgos más característicos de aquellos individuos preparados para recibir la Conciencia Cósmica es que miran al mundo como Mâyâ (Ilusión). Ellos presienten que el mundo, tal como la gente lo ve, es sólo una ilusión, y buscan la Gran Realidad, lo espiritual, lo verdadero, aquello que está más allá de la ilusión. Para el nacimiento de la Conciencia Cósmica es necesario que el hombre se entregue de lleno a lo espiritual, a lo interno.

Las anteriores palabras del Dr. Samael Aun Weor, referentes a la búsqueda de la conciencia cósmica por parte del ente humano, encuentran referencia teológica también en las expresadas por el Dr. Serge Hutin, en su tratado titulado Los Gnósticos, y de manera particular en los siguientes extractos de esa obra:

Se deba o no la salvación a un Salvador divino, la gnosis salvadora permite al alma entrever el fin de su sujeción a las tinieblas: podrá elevarse, de cielo en cielo, hasta la Luz de la que formaba parte en sus orígenes. La Gnosis es reminiscencia: recuerda al elegido su primer estado, y le hará recuperar su condición supramaterial y supratemporal.

Si estás hecho de vida y de luz, y adviertes que ésa es tu naturaleza, volverás a la vida y a la luz.

Sois inmortales desde el comienzo, sois criaturas de la vida eterna, y deseáis compartir la muerte para agotarla y disolverla y para que la muerte muera en vosotros y por vosotros. Porque cuando disolváis el Cosmos, sin disolveros vosotros mismos, dominaréis la creación y la corrupción entera.

El hombre que recibe la luz “separa” de él las pasiones tenebrosas con las que estaba mezclado.

La gnosis es el conocimiento del camino hacia lo alto y de los medios a emplear para seguirlo. Pero el hombre solo puede llegar a ella si advierte que él mismo es, en pequeño, el mundo entero; el hombre es un microcosmos donde aparecen todos los poderes y sustancias del macrocosmos; se compone de materia, pero contiene también el Logos, el Espíritu divino viviente que reina sobre las regiones superiores del Cosmos.

Uno de los mitos más característicos de la gnosis es el de la ascensión del alma a través de las esferas planetarias: el gnosticismo desarrolla bajo diversas formas el tema de la ascensión del hombre iluminado (ya sea en espíritu, durante esta vida, o después de la muerte) hacia su patria original. El gnóstico es siempre un hombre que desea escapar a la fatalidad del mundo terrenal y recuperar la condición luminosa que poseyó antes de la caída.

Incuestionablemente, que todo este periplo del alma buscando su propia luz original es una constante de los textos gnósticos primitivos. La misma Gnosis arcaica afirmó siempre que, de manera contundente que, una vez conseguida la auto Gnosis, o salvación íntima, el ente humano entraba a participar de una estirpe angélica o divina. El Dr. Serge Hutin nos informa de estos pormenores, en los siguientes párrafos:

Mediante el conocimiento, el gnóstico se abre un camino a través de los mundos inferiores para llegar al reino de la Luz, hasta la Divinidad suprema.

Aunque el gnosticismo cristiano introduzca la idea de una redención histórica, esta salvación está de hecho en la raíz de la existencia y de la historia: las parcelas de luz prisioneras en el cosmos serán liberadas de su prisión 1; el destino del hombre está ligado de manera esencial al del mundo en su conjunto. Los espirituales o pneumáticos (del griego pneuma, espíritu) poseen en sí mismos una chispa luminosa venida de lo alto; están salvados necesariamente, pues el elemento espiritual que está en ellos debe remontarse por fuerza a su origen celeste.

He aquí un pasaje del Libro de Tomás:

Bienaventurados vosotros, a quienes se acusa y no se estima por amor que el Señor ha puesto en vosotros. Bienaventurados vosotros que lloráis y que estáis afligidos..., pues seréis liberados de todas las cadenas y no estaréis más en la carne, sino que saldréis de los lazos del olvido de esta vida; seréis elegidos y hallaréis el reposo, y la confusión y los lamentos quedarán detrás de vosotros.

Mi raza proviene del Preexistente –declara un aforismo valentiniano–, y retornará al dominio de donde he venido.

Los elegidos forman una raza divina:

Y aquellos que son dignos de los misterios, que habitan en lo Inexpresable..., son... los miembros de lo Inexpresable.

Los que me ven no pueden sino asombrarse. Pues soy de otra raza.

Pues el Padre de la verdad se ha acordado de mí. Y me ha redimido desde el principio.

Cada uno de los “perfectos” está destinado a incorporarse finalmente a la persona misma de Jesús:

Éste está en mí, y yo soy él.

La salvación del ser “perfecto” se cumple de manera casi automática:

No es la obra lo que hace entrar en el Pleroma, sino que es la simiente enviada desde allá como un niño y que se hace perfecta aquí.

Existen dos grandes razas de hombres: los que saben y los que están sumidos en la ignorancia. Sólo los “espirituales”, dotados de un natural parentesco con el mundo superior, pueden franquear a su muerte todos los compartimientos del mundo invisible y pasar libremente a través de todos los “velos” y de todas las “puertas “. Pero los materiales, los “hílicos”, tienen una afinidad tan profunda con el mundo tenebroso que no pueden salir de él.

Entre los espirituales –destinados a convertirse en ángeles, arcángeles, dioses y reyes en el mundo trascendental– y los hílicos –que no pueden ser salvados, en principio, pues están profundamente enraizados en la materia–, ciertas gnosis (el valentinismo, por ejemplo) introducen una tercera clase de hombres, los psíquicos, en quienes domina el principio intermedio: están dotados de libre arbitrio y pueden llegar a la salvación mediante la práctica de la justicia.

Pero cabe destacar que la mayoría de los gnósticos son bastantes optimistas en lo concerniente a la salvación de las almas: la suerte de los hombres inferiores, de los hílicos, solo es desesperada para esta encarnación; y nada impide que un “hílico” se transforme en un “psíquico”, y hasta en un “espiritual”, en una existencia terrestre ulterior. En general, los gnósticos creen en la reencarnación.

Obviamente, esta es la razón por la cual el Dr. Samael Aun Weor, enfatiza su postulado, según el cual, todos aquellos que consiguen desarrollar dentro de sí mismos la auto Gnosis, la Iluminación o la Conciencia Cósmica, pasan a formar un grupo selecto que, en secreto, constituye lo que él llamaría Círculo Consciente de la Humanidad Solar. Veamos:

Cuando el Iniciado ha sido iluminado por el Fuego Bráhmico entra en el Círculo Esotérico o Secreto de la Humanidad. En ese Círculo encontramos una familia inefable, constituida por aquellos viejos Hierofantes que se conocen en el mundo como Avatâras, Profetas, Dioses, etc. Los miembros de esta distinguida familia se encuentran entre todas las avanzadas razas de la humana especie. Estos seres son fundadores del Buddhismo, el Taoísmo, el Cristianismo, el Sufismo, etc., etc. Realmente, estos seres son pocos, pero a pesar de ser tan pocos, son en verdad los directores y rectores de la especie humana.