Breve análisis de las corrientes gnósticas
En la edición de La Vanguardia —periódico español— del viernes 2 de septiembre de 2011, encontramos una entrevista realizada al Dr. Jens Schröter, reputado teólogo estadounidense, quien trabaja para la Universidad Humboldt. El título de la entrevista es: María Magdalena era una Maestra para los Gnósticos.
El Dr. Jens trabaja en la exégesis del Nuevo Testamento y sobre las escrituras Apócrifas.
A efectos de dar nuestra opinión acerca de esta entrevista, haremos un análisis de las respuestas que el Dr. Jens dio a las preguntas realizadas por el periodista que lo entrevistó.
Por tanto, colocaremos la pregunta que se le realiza al teólogo, seguidamente la respuesta del mismo y más abajo nuestra opinión institucional.
Pregunta: ¿Quiénes fueron los gnósticos?
Respuesta: Cristianos del siglo segundo y tercero… ¡que nunca se llamaron gnósticos (“conocedores”) a sí mismos!
Ageac: Es un desatino afirmar que la Gnosis o los gnósticos aparecen a partir del siglo segundo o tercero después de Cristo, pues todo verdadero estudioso sabe muy bien que los sistemas de pensamiento que pueden ser llamados «gnósticos» ya afloraban antes de Cristo. Por tanto debemos hablar de Gnosis precristiana, cristiana y postcristiana.
El Dr. Samael Aun Weor afirma en su obra La Doctrina Secreta de Anáhuac lo siguiente:
La palabra «Gnosticismo» encierra, dentro de su estructura gramatical, la idea de sistemas o corrientes dedicadas al estudio de la Gnosis. Este Gnosticismo implica una serie coherente, clara, precisa de elementos fundamentales, verificables mediante la experiencia mística directa:
- La maldición desde un punto de vista científico y filosófico.
- El Adán y la Eva del Génesis hebraico.
- El pecado original y la salida del Paraíso.
- El misterio de Lucifer.
- La muerte del «mí mismo».
- Los poderes creadores.
- La esencia del «Salvator Salvandus».
- Los misterios sexuales.
- El Cristo Íntimo.
- La Serpiente Ígnea de nuestros Mágicos Poderes.
- El descenso a los infiernos.
- El regreso al Edén.
- El Don de Mefistófeles.
Solo las doctrinas gnósticas que impliquen los fundamentos ontológicos, teológicos y antropológicos renglones arriba citados forman parte del Gnosticismo auténtico.
PREGNÓSTICO: Es aquel que, en forma concreta, evidente y específica, presenta algún carácter de cierta manera detectable en los sistemas gnósticos, pero integrado ese aspecto en una concepción «in toto» ajena al Gnosticismo revolucionario; pensamiento que ciertamente no es y sin embargo es gnóstico.
PROTOGNÓSTICO: Es todo sistema gnóstico en estado incipiente y germinal; movimientos dirigidos por una actitud muy similar a la que caracteriza a las corrientes gnósticas definidas.
El término GNOSTIZANTE, incuestionablemente, se encuentra muy cerca de Pregnóstico por su significación, ya que el vocablo, en realidad, «stricto sensu», se relaciona con aspectos intrínsecos que poseen cierta similitud con el Gnosticismo universal, pero integrados en una corriente no definida como «Gnosis».
Pregunta: ¿Quién los llamó así —gnósticos—?
Respuesta: Un comentarista como Ireneo de Lyon en el año 175… ¡para condenarlos como herejes y apartarlos de la iglesia!
Ageac: La reacción de Ireneo de Lyon —Obispo de esa ciudad— fue una de las muchas reacciones de la iglesia católica incipiente en su afán de acumular en su seno a la mayor parte de los devotos de la época, con el propósito de llegar a convertirse en un credo oficial, cosa que conseguirían hacia el año 300 después de Cristo con la aprobación del Emperador Constantino de Roma.
Pregunta: ¿Qué decían esos cristianos gnósticos?
Respuesta: Que Sofía (sabiduría) se apartó del mundo superior de Plenitud, y los lamentos de su error impulsaron a un dios menor, un demiurgo, a crear este mundo inferior.
Ageac: Hay que saber que «Sophía» —palabra griega que designa a la sabiduría— debe traducirse como el alma de las gentes, ya que solo en el alma, en la Esencia divina que todo ser humano lleva dentro, reside la verdadera sabiduría.
La Gnosis Samaeliana explica claramente que la caída de Sophía origina, efectivamente, lo que los indostanos llaman «karma», que a su vez debe traducirse en «Ley de Acción y Consecuencia».
Todo esto quiere decir que los sistemas de mundos son creados cada vez que existen karmas que deben ser pagados por aquellas almas que arrastran, desde pasados Maha-Manvantaras o Edades Cósmicas, deudas que deben ser canceladas. A este efecto, la voluntad suprema llamada en Gnosis «Theomegalogos» —el Señor de la Gran Palabra— determina a los «Cosmocratores» o «Cosmocreatores» para originar un nuevo sistema de mundos, que servirán de escenario para que Sophía pueda reparar sus daños, es decir, redimirse de su caída.
Estos Cosmocratores constituyen el Demiurgo que, no siendo tan perfecto como el mismísimo Theomegalogos, comete errores y por ello se le denomina «Falso Demiurgo» en muchos textos gnósticos antiguos.
En la Gnosis contemporánea que desarrollamos en Ageac tenemos información abundante sobre este tema cuando hacemos alusión al Ángel Sakaky —Cosmocrator—, que vino a la Tierra en tiempos de la Raza Lemur y, tratando de ayudar a dicha Raza para que aceptara vivir bajo los influjos de las Leyes Cósmicas, los indujo a la fascinación, y esto provocó aún más la caída de la humanidad hasta nuestros días. Es incuestionable que todo esto tiene abundante explicación que nos es imposible sintetizar en estas cuartillas.
Pregunta: Ese Demiurgo… ¿es el Dios del Génesis?
Respuesta: ¡Sí! El Yahvé de la Biblia hebrea sería un dios menor y malvado, creador de la materia corruptible y finita. Para los gnósticos, ¡el verdadero Dios no crea algo imperfecto!
Ageac: Efectivamente el verdadero Dios, el divino Theomegalogos, no crea nada imperfecto. Ya dijimos, renglones arriba, que la Creación actual es imperfecta debido a que los Cosmocratores eran imperfectos y, gnósticamente hablando, afirmamos, además, que dichos Cosmocratores también arrastraban deudas de antiguos períodos cósmicos.
Por otra parte hay que diferenciar a Yahvé de Jehová. Malintencionadamente se ha hecho creer que Yahvé es el mismo Jehová, y esto no es así. Yahvé es un antiguo ángel que perdió su estado angélico justamente en la antigua Lemuria —continente que se encontraba donde hoy se mueven las aguas del océano Pacífico—, y automáticamente se convirtió en demonio. Yahvé proclamaba la fornicación por doquiera, y la rebelión contra la divinidad y las jerarquías divinas. Todo esto lo atestiguaba ya Saturnino de Antioquía en su tiempo.
Pregunta: Tienen su lógica, ¿no?
Respuesta: En este burdo mundo inferior, el ser humano es un saco de podredumbre, una túnica de carne, una cárcel de materia… que aprisiona una chispa de divinidad, de sophia.
Ageac: Nuestras Enseñanzas enfatizan que, después de la caída angélica de la humanidad, acaecida en la antigua Lemuria, el ser humano engendró dentro de sí mismo a eso que llamamos en psicología el YO, el EGO animal, y, justamente, este Ego animal tiene aprisionada a nuestra Esencia, a nuestra Conciencia, a nuestra Sophía.
Pero la Gnosis, a diferencia de muchas religiones de hoy en día, entrega a sus afiliados los sistemas prácticos para erradicar de nuestra naturaleza íntima a ese Ego, que, por cierto, es plural, ya que cada defecto es plural en sí mismo. Por ejemplo, tenemos múltiples formas de la ira, múltiples formas de la lujuria, etc., etc.
Pregunta: ¿Esa chispa es el alma?
Respuesta: Sí. Pero sólo es útil para algunos: para los que lo saben. Gnosis significa justamente “conocimiento”: ¡sólo el que sabe se salvará!
Ageac: Concordamos en que Gnosis es ciertamente un conocimiento revelador, especial, capaz de dar respuestas a las eternas interrogantes de la filosofía: ¿quién soy?, ¿por qué existo?, ¿de dónde vengo?, ¿para dónde voy después de mi muerte?, etc.
Indubitablemente que la Gnosis está reservada a aquellas personas que realmente sienten ansias de Liberación, ansias de fusionarse con el Todo, verdaderos anhelos de volver al seno de lo divino. Por eso la Gnosis nunca será un movimiento de masas, porque la mayoría de las gentes prefieren seguir viviendo en su miseria interior, aunque ello les produzca dolor incesantemente.
Las palabras del Dr. Samael Aun Weor acerca del conocimiento gnóstico son enfáticas:
No está de más aclarar en forma enfática que el Gnosticismo es un proceso religioso muy íntimo, natural y profundo; esoterismo auténtico de fondo desenvolviéndose de instante en instante, con vivencias místicas muy particulares y con Doctrina y ritos propios.
Pregunta: ¿Esa chispa es el alma?
Pregunta: ¿Cómo salvarme, pues?
Respuesta: Mediante el conocimiento de que en este mundo inferior todo es pasajero… menos esa chispa divina. Conocerla bien te conecta con el mundo superior, con el Dios verdadero: tras tu muerte, liberarás esa chispa divina en el seno del mundo superior.
Ageac: Es cierto y de toda verdad que este mundo que aparece ante nuestros ojos es una ilusión y, por tanto, identificarse con él, fascinarse con él es un absurdo, ya que todo lo que se mueve exteriormente es fruto del Ego animal que llevamos dentro.
Ya lo dijo Don Immanuel Kant: «Lo exterior es un reflejo de lo interior». Solamente trabajando sobre nosotros mismos, aquí y ahora, cada día, despertando la Conciencia mediante tres factores que han de producir lo que llamamos la Revolución de la Conciencia, es posible conectar con nuestra Esencia, aumentarla, hacerla activa, y ella nos lleva a conectar con una parte de nuestro Dios Íntimo. A ese Dios Íntimo lo llaman los hindúes «Atman», y los cabalistas hebreos lo denominan «Chesed».
Empero, aclaramos firmemente que, para poder liberar a esa Esencia, a esa Sophía interior, no hace falta esperar a la muerte. Este es un proceso que puede y debe hacerse mientras estamos vivos. Una vez encaminados en este proceso, si llegase la hora de la muerte, nos llevaremos a la región de los muertos, a los Mundos Superiores, los valores esenciales que hayamos logrado liberar de las prisiones de nuestro Ego animal.
Pregunta: Y si no conozco, ¿qué?
Respuesta: La chispa queda vagante, perdida, malbaratada… “Sólo quien se conoce a sí mismo aprende el conocimiento de todo”, reza una enseñanza gnóstica.
Ageac: Sí, es así. Sólo mediante del estudio de nosotros mismos iremos descubriendo al Yo actuando en nuestros cinco centros de actuación: en nuestros centros intelectual, emocional, motor, instintivo y sexual. Cuando el Ego es descubierto va perdiendo su fuerza y, poco a poco, mediante técnicas que la Gnosis enseña, lo vamos desintegrando, lo vamos reduciendo a polvareda cósmica.
Pregunta: ¿Y quién nos ayuda a conocer?
Respuesta: Los textos gnósticos, textos de conocimiento: evangelios que explican que Jesús vino a indicarnos el camino del conocimiento.
Ageac: Todos los textos gnósticos antiguos y contemporáneos insisten en la necesidad de encontrar el Camino que ha de conducirnos de regreso al Padre de todas las luces. Este Camino en dichos textos gnósticos antiguos está desarrollado, pero en parábolas, y, si no se tienen las claves de interpretación correctas, no se pueden entender ni comprender.
El valor de la Gnosis contemporánea del Dr. Samael Aun Weor consiste, realmente, en la develación que nos hace de todos esos textos arcaicos. Y los actualiza constituyendo una Doctrina revolucionaria y extraordinaria. El Camino Iniciático se perdió cuando la iglesia católica se separó de la doctrina cristiana primitiva, que estaba impregnada de la Gnosis, y renunció por tanto a las claves esotéricas que pueden realizar dentro de nosotros el verdadero cambio interior.
Pregunta: ¿Qué evangelios son esos?
Respuesta: El Evangelio de Tomás. El Evangelio de Felipe. El Apócrifo de Juan. El Evangelio de la Verdad. El Evangelio de Judas. El Evangelio de María…
Ageac: Sin duda alguna, todos los llamados «Evangelios Apócrifos» son hermosos tratados en los que se habla simbólicamente de todo el trabajo íntimo que cada ser humano ha de realizar para volver al seno de la divinidad. Empero, hoy en día todos estos Evangelios quedan descifrados en la Gnosis Samaeliana, que está disponible actualmente a través de nuestra institución —Ageac— en más de cuarenta países.
Pregunta: ¿Estos evangelios son los llamados evangelios apócrifos?
Respuesta: Todos esos evangelios gnósticos serán tildados de apócrifos en el siglo IV. Hay más evangelios considerados apócrifos por la Iglesia, además de los gnósticos.
Ageac: La iglesia católica, una vez instituida como tal a partir de Constantino, persiguió hasta la muerte a los gnósticos considerándolos herejes, y asimismo a sus enseñanzas, que eran parte de las mismísimas enseñanzas entregadas por Jesús, el Gran Kabir.
Pregunta: ¿Dónde están los evangelios gnósticos?
Respuesta: En 1945 se hallaron 13 códices de pergamino del siglo IV en unas tumbas en el desierto egipcio de Nag Hammadi, milagrosamente preservados por el clima seco. Y hoy se estudian en museos y universidades de Oriente y Occidente.
Ageac: Sí, todo eso es cierto. Pero es triste que estos Evangelios se estudien en las universidades de manera meramente intelectual, especulativa, razonativa. El Dr. Samael Aun Weor nos advierte:
Incuestionablemente, el conocimiento gnóstico escapa siempre a los normales análisis del racionalismo subjetivo. El correlato de este conocimiento es la intimidad infinita de la persona, el Ser. La razón de ser del Ser es el mismo Ser. Solo el Ser puede conocerse a sí mismo. El Ser, por lo tanto, se autoconoce en la Gnosis. El Ser, revaluándose y conociéndose a sí mismo, es la AUTOGNOSIS; indubitablemente, esta última en sí misma es la Gnosis.
El AUTOCONOCIMIENTO del Ser es un movimiento suprarracional que depende de él, que nada tiene que ver con el intelectualismo. El abismo que existe entre el Ser y el Yo es infranqueable, y por esto el Pneuma, el Espíritu, se reconoce, y este reconocerse es un acto autónomo para el que la razón subjetiva del «mamífero intelectual» resulta ineficaz, insuficiente, terriblemente pobre. Autoconocimiento, Autognosis, implica la aniquilación del Yo como trabajo previo, urgente, impostergable.
Pregunta: ¿Quién o quiénes escribieron esos evangelios gnósticos?
Respuesta: Seguidores del primer cristianismo. Atribuían un papel central a María Magdalena: la consideraban la discípula favorita de Jesús, la depositaria privilegiada de sus conocimientos, una genuina maestra.
Ageac: Efectivamente, la Gnosis, aunque ya existía en otros sistemas de pensamiento paganos, tomó fuerza en los primeros siglos del Cristianismo y fue preconizada por verdaderos Iniciados, Maestros de Sabiduría como Basílides, Valentín, Hipólito, Epifanio, Pacomio, y hasta el mismísimo San Agustín llegó a declararse gnóstico.
Fueron los gnósticos los que explicaron a las muchedumbres que el verdadero Mesías era Jesús y no Juan el Bautista; esto lo afirmó el propio Orígenes —vol. II, página 150—, uno de los Padres de la iglesia católica.
Añadamos a esto lo siguiente:
Los nazarenos eran conocidos como bautistas, sabeanos y cristianos de San Juan. Su creencia era que el Mesías no era el Hijo de Dios sino, sencillamente, un profeta que quiso seguir a Juan.
Cuando las concepciones metafísicas de los gnósticos, que veían en Jesús al Logos y al Ungido, empezaron a ganar terreno, los primitivos cristianos se separaron de los nazarenos, los cuales acusaban a Jesús de pervertir las doctrinas de Juan y de cambiar por otro el bautismo en el Jordán —Codex Nazarenus II, pág. 109—.
Nosotros no consideramos a Marción un representante de la Gnosis, y mucho menos a los llamados nicolaítas, que tan solo eran unos degenerados sexuales. En cambio, María de Magdala fue una verdadera mujer revolucionaria que llegó a las cotas más altas del Gnosticismo, razón por la cual el Gran Kabir Jesús la consideraba su favorita y hasta la ensalzaba delante de sus discípulos.
Pregunta: Interesante.
Respuesta: En este Evangelio de María vemos al apóstol Pedro (padre de la Iglesia) algo celoso de la preeminencia de María Magdalena…
Ageac: Hay que saber que María de Magdala llegó a autorrealizarse totalmente. Llegó a cristificarse, hablando gnósticamente. Es cierto que Pedro llegó a tener celos de María Magdalena a causa del tratamiento que le daba el Gran Kabir Jesús a ella.
Pregunta: ¿Qué otra enseñanza gnóstica puede resultarnos hoy llamativa?
Respuesta: El crucificado no era el verdadero Jesús: era otro. Y Jesús lo veía, y se reía.
Ageac: Esa infomación es incorrecta. No hay que olvidar que en el pasado, además de Maestros gnósticos o verdaderos Iniciados, también hubo especuladores y fantasiosos como Simón el Mago; y muchos de estos sujetos llegaron a conclusiones propias sacadas del acaso, y las vertieron en textos que hoy son considerados también como gnósticos aunque no lo son.
Jesús, el Nazareno, vivió en sus carnes la crucifixión y la resurrección. El resto son especulaciones intelectuales propias de mentes no esclarecidas.
Pregunta: ¿Y por qué se reía?
Respuesta: Para subrayar que es la ignorancia humana la que da relevancia a la muerte. Jesús no nace de María: llega del mundo superior como redentor. Perece humano… pero no: Jesús es una emanación divina.
Ageac: Ya hemos explicado que fue Jesús realmente quien vivió la crucifixión en la cruz y no otro. Por otra parte ningún Maestro de Sabiduría va a reírse de alguien que está sufriendo una crucifixión. Esto es parte de una falsa Gnosis, que también existió paralelamente a la verdadera Gnosis en aquellos primeros siglos del Cristianismo.
Hay que hacer saber a nuestro lector que el nacimiento de Jesús es controversial. Empero, es cierto que María sí fue su madre. Otra cosa es que se diga que María fue fecundada por el Espíritu Santo. Todo esto es una parábola que necesita mucha tinta para ser explicada. No es cierto que Jesús fuera una emanación divina incorpórea aunque pareciese corpórea. Era un hombre de carne y hueso, pero con un desarrollo espiritual enorme que jamás nadie ha podido alcanzar. Desde este punto de vista sí que es verdad que Jesús terminó siendo una encarnación viva de las emanaciones divinas a causa de sus durísimos procesos iniciáticos, a los que se enfrentó.
Pregunta: ¿Alguna otra doctrina curiosa?
Respuesta: Hablaban de la madre inefable que preside el cielo, la virginal Barbelo, cara femenina del Dios verdadero, que por tanto podría ser un Dios andrógino…
Ageac: Para la Gnosis, Dios, en su cara más exaltada, es masculino-femenino. Las palabras hebreas IOD —masculino—, HE —femenino—, VAU —masculino— y HE —femenino— son las sílabas del nombre de JEHOVÁ.
Para los aztecas Dios era doble en su naturaleza. Hablaban de OMETEOTL—el Gran Señor— y OMECIHUATL—la Gran Señora—. Muchos pueblos de Oriente y de Occidente veneraron a Dios en su forma dual, es decir, en forma andrógina.
A la parte femenina de Dios los gnósticos siempre le asignaron cinco aspectos, a saber:
- La Inmanifestada Madre Espacio: El vientre cósmico. Los egipcios la llamaban NUT —la eterna seidad del cielo—; esta era la Barbelo de los gnósticos.
- La Madre Natura: La Madre como naturaleza, que se procrea y se hace fecunda para que exista la vida en sus infinitas formas.
- La Madre Íntima, que reside en el interior de cada ser humano como una parte de su Dios interior, pero femenino. Los indostaníes llaman a esa Madre Íntima «Devi-Kundalini», y se la asocia con el fuego divino, que ha de ser despertado en nuestras entrañas, y asimismo ha de ascender por entre nuestra columna vertebral para irnos despertando la Conciencia y los poderes divinos.
- La Madre Muerte, señora de los infiernos: Los aztecas hablaban de dos fuerzas que regían el Infierno o Abismo de perdición. Dicho Abismo era llamado en sus doctrinas «Mictlán». Así, por tanto, el Mictlán estaba controlado por Mictlantecuhtli —el regente masculino— y Mictlancihuatl —la regente femenina—. Los antiguos gnósticos hablaban de Hékate o Perséfone como la señora de los inframundos. También los aztecas denominaban a esta forma de Dios Madre como «Coatlicue».
- La Maga Elemental, que según la Gnosis controla nuestros instintos y es la causa secreta de la activación de la fuerza sexual en el ser humano.
Pregunta: ¿Ah, sí?
Respuesta: Es una poderosa alegoría de que no existe divinidad sin la unión de lo masculino y lo femenino. Es decir, una divinidad incompleta no es tal divinidad.
Ageac: Este asunto del androginismo divino queda mejor aclarado en las siguientes palabras del Dr. Samael Aun Weor:
Jah-Hovah, el Padre-Madre secreto de cada uno de nos, es el auténtico JEHOVÁ. IOD, como letra hebrea, es el «membrum virile» —el principio masculino—. EVE, HEVE —EVA—, lo mismo que HEBE, la Diosa griega de la juventud y la novia olímpica de Heracles, es el YONI, el Cáliz divino, el eterno femenino. El divino Rabí de Galilea, en vez de rendir culto al Jehová antropomórfico de la judería, adoró a su divino Macho-Hembra —Jah-Hovah—, el Padre-Madre interior.
Todas las naciones tienen a su primer Dios o Dioses como andróginos. No podría ser de otro modo, puesto que consideraban a sus lejanos progenitores primitivos, sus antecesores, de doble sexo, como seres divinos y Dioses santos, lo mismo que hacen hoy los chinos.
En efecto, la concepción artificiosa de un Jehová antropomórfico, exclusivista, independiente de su misma obra, sentado allá arriba en un trono de tiranía y despotismo, lanzando rayos y truenos contra este triste hormiguero humano, es el resultado de la ignorancia, mera idolatría intelectual. Esta concepción errónea de la Verdad, desafortunadamente se ha apoderado tanto del filósofo occidental como del religioso afiliado a cualquier secta desprovista completamente de los elementos gnósticos.
Lo que los gnósticos de todos los tiempos han rechazado no es el Dios desconocido, Uno y siempre presente en la naturaleza, o la Naturaleza «in abscondito», sino al Dios del dogma ortodoxo, a la espantosa deidad vengativa de la ley del Talión —ojo por ojo y diente por diente—. El Espacio Abstracto Absoluto, el Dios incognoscible, no es ni un vacío sin límites ni una plenitud condicionada, sino ambas cosas a la vez.
Pregunta: ¿Podría este cristianismo haberse convertido en el hegemónico?
Respuesta: Difícilmente. Apreciaban el secretismo, por creer que no todos están preparados para conocer: era un cristianismo elitista.
Ageac: La Gnosis y los gnósticos han constituido siempre una élite, pero no en el sentido literal de la palabra. Nos referimos al hecho de que estas enseñanzas están dirigidas realmente a las personas que llevan en su fuero interior un anhelo terrible de querer escapar de las cadenas de sufrimientos que se desprenden del hecho mismo de existir, para entrar, un día, en la infinitud que todo lo sustenta. Nuevamente el Dr. Samael Aun Weor nos ilustra este aspecto con las siguientes palabras:
La posesión específica de la Gnosis va siempre acompañada de cierta actitud de extranjería o extrañeza ante este mundo mayávico, ilusorio. El gnóstico auténtico quiere un cambio definitivo, siente íntimamente los secretos impulsos del Ser; de aquí su angustia, rechazo y embarazo ante los diversos elementos inhumanos que constituyen el Yo. Quien anhela perderse en el Ser carga la condena y el espanto ante los horrores del «mí mismo».
Pregunta: ¿Qué conducta cotidiana observaban los creyentes gnósticos?
Respuesta: Practicaban una vida lo más ascética posible. Y entre ellos destacaban los perfectos, cristianos de vida monacal.
Ageac: El ascetismo fue una de las formas de disciplina adoptada por los gnósticos de todos los tiempos. Empero también los gnósticos han sabido vivir entre el mundo sin dejarse absorber por sus mecanismos políticos, económicos, ideológicos, etc., etc. Esto es lo que llamamos en Gnosis «el Cuarto Camino», que es una síntesis del camino del monje, el camino del fakir y el camino del Yoga o del yogui. De allí que la vida monacal de los gnósticos nunca excluyó la vida en parejas —hombres y mujeres—, porque la sexualidad forma parte de la regeneración de Sophía en su camino ascendente hacia los Aeones de luz o hacia el Pleroma. A esos que habían conseguido llegar de nuevo hasta el Pleroma se les llamaba Perfectos o Maestros Autorrealizados.
Pregunta: ¿Qué opinaban del sexo?
Respuesta: El sexo —por reproducir la carne, la materia de este mundo engañoso y maligno— era condenable. Pero se les acusó también de que —considerado el cuerpo irrelevante para salvarte— se entregaban a depravaciones sexuales. No hay pruebas de ello.
Ageac: Los verdaderos gnósticos nunca rechazaron el sexo, sino, muy al contrario, lo consideraron algo sagrado. Todo verdadero gnóstico sabe muy bien que una auténtica escuela de regeneración anímica y psíquica no puede excluir jamás la sexualidad.
En este sentido los gnósticos consideramos que hay tres tipos de sexualidad: Infrasexualidad —el sexo desviado totalmente, que incluye toda clase de depravaciones acompañadas de drogas, alcohol, adulterios, orgías, lesbianismo, homosexualismo, etc., etc.—; Sexualidad Normal, en la que la pareja humana —hombre-mujer— disfruta de su vida sexual en términos normales, y de lo cual se desprende asimismo la formación de un hogar con hijos o hijas; Suprasexualidad, que incluye la utilización de las fuerzas sexuales para generar una energía divina —fuego sagrado que ha de ascender por entre la espina dorsal y que desarrolla las infinitas posibilidades que están adormecidas en todo ser humano—.
No está de más afirmar que existieron algunos grupos llamados gnósticos que practicaban orgías sexuales, pero que, en realidad, constituían la negación misma de la Gnosis.
Pregunta: ¿Hasta cuándo duró el Gnosticismo?
Respuesta: Una rama, el Maniqueísmo, sobrevivió hasta la Edad Media: sostenía la existencia de un dios del bien y un dios del mal.
Ageac: El Maniqueísmo, efectivamente, fue y ha sido una parte del Gnosticismo desde tiempos remotos. Empero no solo el Maniqueísmo habló de la dualidad divina, es decir, un Dios benévolo y otro malévolo. Obviamente todo esto ha de ser bien interpretado. Los gnósticos llamamos «Dios benévolo» al Agnosthos Theos, el Dios sin forma, ajeno a esta Creación en la que estamos todos sumidos; y hemos llamado simbólicamente «Dios malvado» a aquella fuerza o conjunto de fuerzas que hemos de franquear a fin de no estar sometidos a los caprichos de las mismas.
Hay en total cuarenta y ocho Leyes que hemos de superar para escapar de la Creación y establecernos en el Pleroma de nuevo. Con las palabras del Dr. Samael hacemos más entendibles nuestras frases; veamos:
El gnóstico que ha sido salvado de las aguas, ha cerrado el ciclo de las amarguras infinitas, ha franqueado el límite que separa el ámbito inefable del Pleroma, de las regiones inferiores del universo, se ha escapado valientemente del imperio del Demiurgo porque ha reducido al Ego a polvareda cósmica.
El paso a través de los diversos mundos, la aniquilación sucesiva de los elementos inhumanos, afirma esta reincorporación en el Sagrado Sol Absoluto, y entonces, convertidos en criaturas terriblemente divinas, pasamos más allá del bien y del mal.
Pregunta: ¿Fueron quizá los Cátaros medievales unos gnósticos tardíos?
Respuesta: Estrictamente fueron unos cristianos antieclesiásticos, reformistas. Pudo haber alguna coincidencia con los gnósticos en su visión dualista… pero no me consta conexión.
Ageac: Los Cátaros sí que fueron gnósticos en el sentido completo de la palabra. Ellos conocieron el misterio de los Aeones, conocieron la desintegración del Ego animal y conocieron la sexualidad sagrada. Un sabio autor ha dicho lo siguiente: «Los Cátaros creían que el mundo material estaba corrupto, y que la salvación consistía en liberar la chispa divina interior para lograr la reunificación con la divinidad. Los más elevados de entre ellos eran llamados «perfectos», y el resto de los feligreses recibían el adjetivo de «bonshommes» —los buenos hombres—. Se cree que el término «Cátaro» deriva de la palabra latina que significa ‘puro’».
Pregunta: ¿Qué creyentes gnósticos conocemos?
Respuesta: Simón el Mago, Valentín de Alejandría, Pablo de Samosata, Carpócrates… Alguno de ellos repudió los espejos, porque reflejan y multiplican este inferior mundo nuestro de burda materia.
Ageac: No solo Valentín, sino muchos otros como Basílides, Pacomio, Epifanio, San Agustín, Maní —el fundador del Maniqueísmo—, Platón... fueron junto a Carpócrates asiduos bebedores de la fuente de la Gnosis.
Los espejos, dicho sea de paso, son instrumentos mágicos, y, si alguna vez un gnóstico los ha repudiado, no es solamente por el hecho de reflejar este mundo mayávico, sino porque son puertas de entrada a otras dimensiones, y a través del mundo hiperdimensional podemos atraer buenas o malas influencias.
