Respondiendo Inquietudes 2/5

(extraído del libro Ontología Gnóstica)

P.: Y ¿cómo podría yo enterarme de los otros 12 mandamientos restantes?

R.: Estudiando la Gnosis y despertando Conciencia.

P.: Bueno, volviendo a los mandamientos, ¿cómo interpretan ustedes los 10 mandamientos cristianos?, por ejemplo, ¿cómo interpretan ustedes el primero de ellos?

R.: Mire usted, el primer mandamiento nos dice “AMARÁS A TU DIOS POR ENCIMA DE TODAS LAS COSAS”. ¿No es así? Pues bien. Primero que todo, para comenzar, todo aquél que se precie de cristiano, tiene que saber primero qué cosa es Dios. Y ya hemos dicho en párrafos precedentes que Dios no es un ser imaginario con forma de viejo barbudo sentado encima de las nubes y lanzando rayos y centellas sobre este hormiguero humano. No. Hay que entender que Dios es el SER, y el SER existe en el fondo de cada criatura humana. En verdad el SER es el SER y la razón de ser del SER es el mismo SER, gnósticamente hablando. Indudablemente que el SER siempre ha existido, existe y existirá desde la noche aterradora de todas las edades. El SER es inmutable, inalterable, invisible para los ojos de la carne, pero visible para los ojos del espíritu, es decir, para aquéllos que han despertado la visión interior o clarividencia. Nosotros los gnósticos sabemos que cada persona puede acercarse y encarnar a su Real Ser, es decir, a esa partícula del Dios Universal que todos llevamos dentro. Pero para ello tenemos que poner todos los esfuerzos de nuestra vida en encarnarlo. Ello no es posible, claro está, mientras haya otras prioridades por encima de ese anhelo. Observe usted cuan reales fueron las palabras de Mahatma Gandhi cuando hablaba de la religión de los cristianos. Él decía: “Los cristianos dejan de ser cristianos cuando se les vacía la nevera en sus casas, es decir, cuando ya no tienen los alimentos que desean”. Esta simple frasecita retrata nuestra forma de ver y sentir a Dios. Lo vemos en la vida diaria. Vamos a las misas cristianas y allí parecemos todos corderitos, pero en cuanto abandonamos las iglesias caemos en todos los excesos de todo tipo. Nos olvidamos de ese “Dios que tanto amamos” y volvemos a herir al prójimo de diversas maneras, volvemos a emborracharnos, a fornicar con la mente, el verbo y el cuerpo, a adulterar, a dejarnos devorar por la gula, la envidia, la avaricia, etc., etc., etc., y la próxima vez que nos confesemos nos volveremos a sentir santos y libres de todo pecado. Ésa es la vida cristiana de nuestros días. Es lamentable, pero es así. Hasta los políticos que se dicen cristianos van a las guerras sin justificación alguna muchas veces, y luego dicen: “El Papa es el Papa pero aquí gobierno yo”, y lanzan a miles de conciudadanos a las guerras como carne de cañón. Y a todo eso lo llamamos cristianismo.

Para empezar, tendríamos todos que hacernos un propósito serio de eliminar al Ego animal, compuesto como ya lo hemos dicho de múltiples Agregados Psicológicos Indeseables. Eso requiere una disciplina y un método que enseña la Gnosis. A partir de allí se irá creando en nosotros más porcentaje de Conciencia, y esta Conciencia nos irá acercando al SER, al Padre que está en secreto, a Dios. Entonces la persona empezará a experimentar estados internos relacionados con la divinidad, conocerá el reino de eso que se llama “Dios” (los mundos internos o mundos suprasensibles o dimensiones superiores), y allí podrá entrar en contacto con criaturas angélicas, Deidusos, Arcángeles, seres divinos en general, y podrá corroborar, la persona, que la muerte no existe, etc.

Amar al Padre, amar a Dios, significa estudiar los Misterios de la vida y de la muerte. Pero dígame usted una cosa: ¿en qué pasan el tiempo las gentes? Pues en buscar dinero y más dinero, nuevos automóviles cada año, en buscar teléfonos móviles de alta tecnología, en ir a las salas de físico culturismo, en autoadorarse ante el espejo, en buscar ser más y más seductoras, en buscar el último hit musical de un grupo de rock o de música popular, en la moda de verano, de otoño o de invierno, etc., etc. Ésas son las prioridades de las gentes de hoy en día. Obviamente se nos puede objetar: ¿acaso es un crimen comprarse un vestido de temporada o un teléfono móvil? Y nosotros responderemos: ¡claro que no! Pero una cosa es vestirse o buscar comunicarse y otra muy distinta es que nuestra mente, adormecida por el sueño de la Conciencia, tan solo esté pendiente de esas banalidades y no vaya al fondo de las Verdades Eternas. Nosotros no queremos ser fanáticos, detestamos el fanatismo. Pero es innegable que las gentes de hoy día no se acuerdan de la divinidad sino tan solo cuando pasa algún cataclismo, una tragedia muy grande..., y eso les dura una semana o un mes si acaso. Luego vuelve a hipnotizarnos el sueño de la Conciencia. ÉSA ES LA CRUDA REALIDAD DE LOS HECHOS, AMIGO MÍO. Cuando realmente amamos a Dios, respetamos su obra, la creación, etc. Y ¿cuál respeto le ha merecido a esta humanidad la atmósfera que respiramos? ¿Y los mares, todos contaminados? ¿Es eso el respeto a Dios? ¿Y los niños abandonados en muchas partes del mundo? ¿Y las gentes que pasan hambre y miserias de todo tipo alrededor del orbe? ¿Es eso amor a Dios? ¿Y la forma en que enfocamos la familia hoy en día? ¿Y la bajeza con que tratamos al sexo, es acaso una forma de venerar a Dios? ¿Y los abortos legalizados a diestra y siniestra son amor a Dios? ¿Y los animales torturados en laboratorios y abandonados en las calles de nuestro mundo después de habernos divertido a costa de ellos? ¿Es eso amor a Dios? Realmente estamos muy alejados de eso que podríamos llamar “Dios” y que realmente es desconocido por las masas humanas. Hoy por hoy a muchos clérigos les da por llamar a sus feligreses “Hijos de Dios”; nosotros contestamos: si fuéramos hijos de Dios, las obras de Dios hiciéramos, pero lo que se observa son las obras del Diablo, hablando metafóricamente.

Permítame agregar algo para finalizar. Si realmente amáramos a Dios por encima de todas las cosas, seríamos capaces de cambiar el rumbo de nuestra vida si en un momento dado estuviéramos atentando contra los principios divinos. Pero hoy muy contados son aquéllos que son capaces de dejarlo todo por dedicarse a la búsqueda de lo Real, de lo divino, de lo esencial. Todo el mundo está fascinado con los nuevos Dioses: las grandes superficies de mercaderías, los negocios, la bolsa, el prestigio político o financiero, los deportes, etc., etc., etc.

Cuando se ama a alguien o a algo, entonces ponemos todo nuestro empeño en conocer a ese “alguien” o “algo” que tanto amamos. Por ello, si amáramos a Dios, estaríamos interesados en saber cómo es, de qué está hecho, dónde vive, desde cuándo existe, cuál es su trabajo, cómo puedo ayudarlo...; ¿no cree usted?

Claro que sí, tiene usted razón...

P.: ¿Y del segundo mandamiento, qué me dice usted?

R.: Recuerde usted, buen amigo, que el segundo mandamiento nos dice “NO JURARÁS NI MENCIONARÁS SU SANTO NOMBRE EN VANO”.

P.: ¿Y eso qué quiere decir realmente?

R.: Despacio, despacio, amigo mío. Debe usted saber que, cuando se nos dice que no debemos mencionar el nombre de Dios ni jurar en su nombre en vano, se nos está diciendo que el nombre de Dios en nosotros, que no es otra cosa que el Ser interior, es absolutamente sagrado. Ya le hemos explicado que Dios no es un anciano sentado allá arriba en las nubes, ¿no es cierto? Ya le hemos dicho que Dios está en cada átomo y en cada sol de este Universo. También le hemos dicho que cada persona tiene su fracción de Dios adentro, constituida por su verdadero Espíritu Divino, su Real Ser Interior Profundo. Pues mire usted, este SER que usted y yo llevamos dentro es sacratísimo y tiene su nombre sagrado, y tal nombre no tiene nada que ver con el nombre terrenal que usted posee. Por ejemplo, usted a lo mejor se llama Juan, o Pedro, o José, pero su verdadero nombre, amigo mío, es el nombre de su Padre, de su Real Ser, y dicho nombre es terriblemente sagrado y no debe pronunciarse vanalmente, en conversaciones frívolas ni en discusiones egoicas, etc., etc., etc. El nombre del Padre es mántrico por excelencia, tiene un poder secreto que se pone en actividad solamente con pronunciarlo.

P.: ¿Qué quiere decir eso de que el nombre del SER es “mántrico”?

R.: Pues que el nombre del Padre que está en secreto dentro de cada hombre o de cada mujer, está hecho con lenguaje divino y no con lenguas creadas por el hombre. El lenguaje divino es mántrico; esto quiere decir que cuando se usa, crea circunstancias, modifica eventos, provoca cambios radicales.

P.: Y ese lenguaje divino ¿de dónde proviene?, ¿quién lo creó?

R.: He de decirle que el lenguaje divino lo creó la misma divinidad cuando creó este Universo, y el hombre creado por la Divinidad era entonces, en aquellos tiempos remotísimos, imagen y semejanza de la misma Divinidad. A eso se refieren las Sagradas Escrituras cuando afirman que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Entonces el hombre era andrógino y hablaba en el Orto Purísimo de la Divina Lengua. En ese Lenguaje de Oro se comunicaban los seres humanos en la Aurora de la Creación, y no existía sino ese solo Lenguaje Sagrado. Cuando sobrevino, más tarde, la caída angélica de la humanidad, entonces el hombre perdió el don de hablar la Lengua Sagrada, y creó los distintos idiomas que hoy existen y que están simbolizados en la Torre de Babel de la que nos hablan las Sagradas Escrituras. Con ese Lenguaje Sagrado, el hombre dominaba los Elementos de la Naturaleza, podía provocar volcanes o apaciguarlos, desatar huracanes o eliminarlos. Todos los idiomas actuales proceden de la caricatura de ese antiguo Lenguaje Divino. Sin embargo, aunque el hombre, el Alma humana, perdió sus principios divinos, el Real Ser jamás los pierde, pues “ÉL ES ÉL”, él es lo que ha sido, lo que es y lo que siempre será. Y por ello el SER sigue conservando su nombre sagrado y todos sus poderes desde la aurora de este Día Cósmico.

P.: Y ¿cómo podría yo conocer el nombre de mi Ser interior?

R.: Despertando Conciencia, eliminando los elementos inhumanos que tienen atrapada su Conciencia, desintegrando sus Agregados Psicológicos que todos llevamos dentro.

P.: ¿Podría usted mencionarme el nombre sagrado de algún ser divino?

R.: Con mucho gusto, pues hay muchísimos. Mire usted, cada Ángel tiene su nombre sagrado. Así, por ejemplo, el Arcángel Michael, Mikael o Miguel, se expresa a través de ese nombre. Igualmente el Ángel Gabriel se llama así porque ése es su nombre secreto. Las Escrituras nos hablan del Genio de la Tierra y lo llaman Melchisedeck. Jesús el Cristo se llama ciertamente “Jeshuá”, que quiere decir “Salvador”, y mire usted cómo se ofreció en sacrificio para mostrarnos el Camino de la autosalvación interior. Existen muchísimos Seres divinos, y cada uno de ellos con su nombre bendito que jamás debe usarse para conversaciones frívolas o profanas. Es un delito, por ello, invocar el nombre de Dios (de nuestro SER) en una conversación trivial o jurar en el nombre de Dios (del SER) en vano, pues en el fondo estamos atentando contra el carácter sagrado de Dios, del Ser o de nuestro Espíritu Divino. ¿Comprende ahora usted por qué existe este segundo mandamiento?

Claro que sí, absolutamente lo entiendo y lo comprendo. Vaya, vaya....

P.: Por favor, dígame una cosa: ¿si yo conociese el nombre de mi SER, o el nombre de Dios dentro de mí, yo podría llamarlo, hablar con él, etc.?

R.: Bueno, una cosa es que usted llegue a conocer el nombre de su Real Ser interior y otra cosa, perdóneme, es que usted, a causa de ello, pueda hablar cuando quiera con su Real Ser. Lo que sí puedo asegurarle es que, si usted conoce el nombre de su Real Ser y usted adopta una conducta basada en el recto sentir, recto pensar y recto actuar, y en base a ello usted le ora constantemente invocando su nombre sagrado en la oración, él escuchará su oración más fácilmente que muchos otros seres divinos, cuyas almas humanas, desconectadas de ellos, andan por caminos de perdición. En otras palabras, usted se aproximará más a su SER que todas las otras personas que, además de no conocer el nombre de su Ser, realizan actos que atentan contra la ética del mismo SER.

P.: ¿Tiene algún significado el nombre del Ser en cada persona?

R.: Por supuesto. Observe usted que el nombre que posee el Ángel Rafael quiere decir “Medicina de Dios”, y él es el Padre de la medicina. Mikael o Miguel quiere decir “Fuerza de Dios”, y así por el estilo. Moisés quería decir “Salvado de las Aguas”, Isaac significaba “Pozo de Aguas Vivientes”, etc., etc., etc.

P.: Es asombroso todo esto que usted me está comentando, realmente asombroso...

R.: Pues, debo decirle que esto es tan solo el conocimiento elemental de la Gnosis. Si usted persevera y profundiza en nuestros estudios, llegará a conocer cosas mucho más importantes y asombrosas que todo esto que hasta ahora hemos comentado.

P.: Amigo, ¿podría usted decirme algo acerca del tercer mandamiento cristiano? Creo, si mal no recuerdo, que dice así: “SANTIFICARÁS LAS FIESTAS”. ¿Qué quiere decir esto?...

R.: Debe usted saber, que las fiestas a las que se hace mención aquí son, ante todo, de índole religiosa. Así que, cuando se nos pide “santificar las fiestas”, se nos está solicitando que recordemos esas fechas relacionadas con dichas fiestas religiosas, porque obviamente tales celebraciones conmemoran aspectos divinos conectados con eventos trascendentales. Ejemplo: el Nacimiento del gran Kabir Jesús de Nazareth, la Ascensión de María, la Madre del Redentor, la Semana Santa con todo lo que ella contiene, etc., etc., etc. Lamentablemente, si usted es sincero no podrá negarme que, actualmente, las multitudes humanas no solo se han olvidado de los valores profundamente religiosos sino, además, han profanado con su conducta todo lo que está envuelto en el contexto de las fiestas que celebran los hechos sagrados que han acontecido en el transcurso de la historia cristiana. Las gentes hoy sólo piensan en el placer, en la autocomplacencia permanente, en el goce corporal, en aquello que filosóficamente se ha llamado “HEDONISMO”. Y cuando se acerca una fecha religiosa que debemos conmemorar, entonces las gentes toman los días decretados por los gobiernos del mundo, para la celebración pública de esos fastos, y los utilizan para irse de pachanga al mar, a la montaña, pegarse borracheras que luego se mezclan con oraciones y bailoteos en la calle, y a todo eso se le llama ridículamente “FE”. Observe usted qué contradicción... Indubitablemente que el fondo de esa conducta errónea no es otro que el desconocimiento total de lo que representan los acontecimientos religiosos en sí mismos, y ello se debe al hecho concreto de que las mismas iglesias fracasadas no les han explicado a sus feligreses la realidad de lo que es la ascensión de un persona hacia los Cielos de Conciencia, mundos superiores o Universos paralelos de Einstein y Hinton. Las gentes nada saben acerca de la verdad, acerca de la levitación de un San Francisco de Asís, tampoco comprenden por qué Jesús celebró su última cena con los Apóstoles, en aquel jueves que luego fue llamado “Jueves Santo”, o por qué el primer milagro que realizó el Cristo fue transformar el agua en vino y lo realizó en una boda celebrada en Canaán. Si las iglesias explicaran científicamente y metafísicamente estos acontecimientos, pues las gentes irían a los templos con profunda reverencia y espíritu místico, y se acabarían las bacanales rocambolescas que protagonizan los seres humanos justamente en las fechas de connotación religiosa.

P.: Y, ¿por qué se denomina a esas fechas religiosas con el calificativo de “fiestas”?

R.: Pues sencillamente porque son fiestas para el Alma. El Alma se deleita con las ceremonias y actos religiosos porque nuestra Alma se desenvuelve en esa atmósfera en los mundos internos, en el mundo astral, mental o causal, etc., etc.

P.: Ustedes, los gnósticos, ¿cómo celebran las fiestas religiosas?

R.: Nosotros las celebramos con ayunos, meditaciones, peregrinaciones y prácticas esotéricas que nos ponen en contacto con esas fuerzas ligadas a tal o cual fiesta religiosa. De este modo nos alimentamos nuestra fe a través de la experimentación mística y no sólo por medio de las teorías.

P.: ¿Qué me puede decir del cuarto mandamiento?

R.: Querido interlocutor, el cuarto mandamiento reza de este modo: “HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE”. ¿Cierto?

P.: Sí, muy cierto, pero ¿qué significa en el fondo eso de honrar a nuestros Padres?

R.: Primero que todo recordemos la tabla de esmeralda de Hermes Trismegisto, la cual nos dice: “Tal como es arriba es abajo, tal como es abajo es arriba”. Este es un documento que elaboró un gran Maestro de Sabiduría en tiempos del Egipto antiguo y que tuvo por nombre Hermes Trismegisto. De acuerdo a ese enunciado filosófico, “Lo infinitamente grande es análogo a lo infinitamente pequeño y lo que existe en las dimensiones superiores o cielos de las religiones, pues tiene su correspondencia con algo o alguien en este mundo físico en el cual nos hallamos ahora”. Como corolario podemos inducir que, de la misma manera que tenemos a un Padre y a una Madre que nos han traído a este mundo, hablando coloquialmente, así también usted y yo, y todos los seres que pueblan este mundo, llevamos dentro a un Padre celeste y a una Madre Divina. Ellos son un binomio sacratísimo implícito en todas formas religiosas antiguas de carácter trascendental. Fíjese usted en que los hebreos llaman a Jehová “IOD-HEVE”. IOD es una partícula masculina y HEVE es una partícula femenina. Así que DIOS es un ser andrógino, bipolar, en lo macrocósmico; y dentro de cada criatura humana es el SER, del cual ya hemos hablado abundantemente. Pues el SER, querido amigo, se desdobla dentro de nosotros en dos polaridades, una masculina y otra femenina. La masculina es el Padre que está en secreto y que tiene su nombre sagrado que no se debe pronunciar en vano, como ya lo dijimos en la explicación del segundo mandamiento. La parte femenina es nuestra adorable Madrecita interior, a la cual los gnósticos oramos de manera muy especial. Estos son nuestros verdaderos Padres, pues son nuestros progenitores espirituales. Existen dentro de nosotros desde el mismísimo amanecer de la vida sobre nuestro planeta. Ellos son inmutables, eternos, ya que en el fondo constituyen esa parte del DIOS UNIVERSAL pero dentro de cada uno de nosotros. Incuestionablemente que, del mismo modo que amamos y honramos a nuestros Padres materiales por habernos traído al mundo, por habernos educado, por habernos alimentado, orientado, etc., etc., con más razón debemos honrar a nuestros Padres espirituales que son la razón de ser de nuestra existencia y la verdadera Esencia de nuestra vida. Hay que decir que, mientras nuestros Padres físicos un día pueden desaparecer de nuestra vista porque habrán de morir, en cambio nuestros Padres espirituales jamás se apartarán de nosotros, ni tan siquiera en la hora de nuestra muerte. He allí lo grandioso del Padre interior y de nuestra Madrecita espiritual. Ellos, nuestros Padres espirituales, constituyen el Misterio Divino que debemos desvelar dentro de nosotros, y cuando conseguimos desvelar dicho Misterio, entonces decimos que nos hemos “autorrealizado”...

P.: Pero ¿cómo podemos honrar a esos Seres Divinos o Padres internos de los que usted me está hablando?

R.: Pues es muy sencillo. Se trata de que nosotros practiquemos una regla de vida muy esencial y fácil de aplicar. Lo que le quiero decir es que debemos mantenernos en EL RECTO SENTIR, RECTO PENSAR Y RECTO ACTUAR. Cuando usted hace el bien a sus semejantes, cuando destruye sus Agregados Psicológicos de los cuales hemos hablado en renglones anteriores, cuando usted lucha por crear su Alma y desarrollarla totalmente, pues usted está honrando a sus Padres internos. Y eso es grandioso, ya que lo que quieren nuestros Padres internos es justamente que fabriquemos nuestros Principios Anímicos para podernos relacionar con ellos tanto en el mundo físico como en los mundos internos. Cuando el Alma conoce a sus Padres internos y se relaciona con ellos haciendo la voluntad de estos últimos, entonces se ha cumplido el designio de la Divinidad: que lo humano se divinice y lo Divino se humanice.

P.: Un momento, un momento; usted está diciendo que podemos llegar a relacionarnos con nuestros Padres internos físicamente e internamente. ¿Acaso es posible tener contacto con el Padre celeste en el mundo físico?

R.: Mire usted, cuando alguien se relaciona con sus Padres internos, pues empieza a sentir la influencia de ellos tanto en lo material como en lo anímico, psíquico o espiritual. Así, por ejemplo, cuando usted tenga contacto permanente con su Padre, que ahora está en secreto, pues usted empezará a sentir, pensar y actuar como él actúa. De este modo usted hace la voluntad del Padre así en los cielos (en los mundos internos) como en la tierra (en el mundo material). Esto último es lo que nos invita a hacer la oración del señor, el Padre Nuestro. Usted sabrá en cuestión de segundos, si debe viajar a tal o cual lugar o cancelar ese viaje porque sería peligroso, usted también sabría si debe estudiar tal o cual profesión simplemente concentrándose en su corazón y preguntándole al SER acerca de ello. El SER responderá automáticamente mediante la intuición, y déjeme decirle que la intuición no falla jamás, pues es la voluntad del Padre y el Padre jamás se equivoca. ¿Comprende ahora por qué es posible relacionarnos material y espiritualmente con nuestros Padres internos?

P.: Sí, ahora sí lo comprendo… Hábleme, por favor, del quinto mandamiento, ¿qué me puede decir?

R.: Con mucho gusto. El quinto mandamiento nos dice: “NO MATARÁS”. Empero esto implica muchas cosas. Debe usted saber que el primer crimen que cometió la humanidad, según las Sagradas Escrituras, fue el asesinato de Abel a manos de Caín. Incuestionablemente que esto es simbólico, pues Caín representa a la mente humana (que es como Caín, cazadora, calculadora, fría, etc.), y Abel representa, en cambio, el Alma, la Esencia, siempre dispuesta a dar lo mejor de sí misma a Dios; por ello era pastor. Indubitablemente que la humanidad viene cometiendo crímenes desde hace milenios y desde hace millones de años. Desde que la humanidad perdió su condición divinal, angelical, y quedó atrapada por el Yo, por el Ego, el ser humano no ha hecho más que delinquir, matar, asesinar... Hay que decir que el delito más grave ante la Gran Ley Divina, es precisamente segar la vida de un semejante: esto es muy grave. Y es grave porque automáticamente rompemos el plan o el programa que el Real Ser de la persona muerta tenía para con la misma. De este modo nosotros, al matar, interrumpimos los planes divinos que existían para con la persona que hemos asesinado. Hemos de añadir que no sólo matamos con el puñal o con las balas, también matamos a las personas con penas morales que les inducimos, con miradas asesinas que pueden destruir a una persona psicológicamente y hasta físicamente. Se mata también a las criaturas de la Naturaleza sin tener nosotros verdadera necesidad de su carne. Ejemplo: se mata aves (gallinas) de una manera cruel, enterrándolas vivas en fosas comunes sobre las cuales se arrojan cantidades enormes de arena, y todo, absolutamente todo, porque ya no producen más huevos para una granja cualquiera. Estos también son crímenes. Se arrasa hectáreas enteras de bosque mediante incendios provocados, para luego negociar la madera quemada, sin pensar en las consecuencias atmosféricas que ese delito trae aparejadas para el resto de la humanidad (desertización, falta de agua potable, hambrunas, etc.). También se mata a los mares y océanos arrojando sobre ellos toda clase de contaminantes nocivos para las criaturas del mar y luego, según la cadena de alimentación, para el ser humano también. Todo esto es matar. En la India aún se conserva dentro de la religión hindú la sabia aceptación de que todo mineral, vegetal y animal, está dotado de ánima o de principios anímicos. Esto es absolutamente cierto, pero el materialismo intelectualoide quiere hacernos creer que se trata simplemente de materias inertes, lo cual es absurdo.

Por ello, amigo mío, debe usted concientizarse de que no tenemos derecho de matar a nadie. Existe, sin embargo, una ley esotérica llamada “TROGOAUTOEGOCRÁTICA CÓSMICA COMÚN UNIVERSAL”. Esta ley quiere decir “Tragar y ser tragado”,y de esta manera se mantiene el equilibro natural y cósmico. Así,por ejemplo, en la selva, el ratón se come a un insecto, pero el coyote se come al ratón y más tarde, posiblemente, el león se come al coyote, y así sucesivamente. Empero, en este caso un animal mata a otro por instinto de supervivencia, y los Devas (Ángeles que controlan la Naturaleza) tienen conocimiento de ese fenómeno y lo controlan. En el caso del Hombre actual, lo que vemos es un abuso y una destrucción total de esa sabia ley del TROGOAUTOEGOCRÁTICO CÓSMICO COMÚN, pues matamos animales por mero placer, por orgullo humano, por hacernos la foto ante el pobre animal muerto, por coleccionar marfil o pieles de animales exóticos, etc., etc., etc. Todo ello evidencia que es el hombre el animal más depredador de la Naturaleza, pues su Conciencia está absolutamente adormecida y fuera de sí.

P.: Pero, de acuerdo a esto que usted me está diciendo, ¿nosotros no podemos comer carnes en nuestra dieta normal?

R.: No, no, amigo mío. Permítame decirle que una cosa es alimentarse correctamente, equilibradamente, porque de lo contrario entraríamos en una debilidad corporal y enfermaríamos. Lo que le estoy diciendo es que no es justo aniquilar animales por mero gusto egoico, por simple sadismo, etc. ¿Usted cree, por ejemplo, que está bien ir a buscar las focas en el ártico y matarlas a golpes con el solo propósito de tomar sus pieles y dejarlas despellejadas en pleno hielo? ¿Usted cree que eso es propio de los seres humanos? Lo que está sucediendo es que estamos agrediendo a la Naturaleza de una manera bestial, salvaje, y por ese camino estamos destruyendo a nuestro ambiente y a nuestro mismo futuro. Pero además, lo peor es que la forma en que estamos criando aves (pollos o gallinas, por ejemplo) es inhumana. Las encerramos en jaulas en las que ni siquiera pueden moverse, y alumbramos dichas jaulas para que estos pobres animalitos estén comiendo y comiendo sin parar, con el propósito de engordarlas rápidamente y luego venderlas al consumo humano. Es claro que estas carnes están llenas de toxinas, pues dichas aves han crecido llenas de stress. Nosotros, al comer esas carnes, introducimos en nuestros organismos igualmente toxinas, y por eso nuestra generación está llenándose de una serie de problemas médicos que antes no padecían las personas. Lo mismo sucede con las vacas, corderos, cabras, destinados al consumo humano. Todo esto evidencia una total ignorancia y una actitud absolutamente egoica, pues lo que nos interesa es vender, vender y vender, no importando las consecuencias de dicha venta.

P.: Algunas iglesias en sus catecismos dicen que las guerras a veces se justifican. ¿Ustedes qué opinan según la Gnosis?

R.: Respondo a su pregunta, ninguna guerra es justificable, pues las guerras traen aparejadas la muerte y la desolación. Otra cosa es que usted sea agredido y, en tal caso, no le queda más remedio que defenderse, pues si usted no se defiende, termina siendo cómplice de un delito ante los ojos de los hombres y ante los ojos de la Divinidad. Pero tan solo en ese caso se justifica que recurramos al uso de la fuerza para defendernos.

P.: Entonces, ¿cómo ven ustedes la industria armamentista que poseen muchas naciones?

R.: Pues simplemente eso demuestra que somos inconscientes en un ciento por ciento. Esa es la prueba de que aun el ser humano no está civilizado, que el llamado “hombre” no existe, sino que existe en su lugar un humanoide controlado por innumerables entidades egoicas abominables que no sienten la menor piedad por sus semejantes. Lo que resulta risible y espantosamente ridículo es que muchos líderes políticos mundiales se llaman a sí mismos cristianos, musulmanes o hebreos, y hasta asisten a oficios religiosos o forman parte de cofradías religiosas y, sin embargo, son los mismos que luego firman contratos de venta de armas a otros pueblos para que se masacren entre ellos, se destruyan entre sí, y eso no es otra cosa que hipocresía y fariseísmo de la peor calaña. Con justa razón decía el muy honorable Mahatma Ghandi: “Los cristianos sólo son cristianos mientras tienen la nevera llena de alimentos. Cuando se vacía la nevera son capaces de declarar la guerra a no importa quién o quienes”. Recuerde usted, sin ir muy lejos, la guerra civil de la extinta Yugoslavia. Allí se mataron de la manera más execrable gentes cristianas y musulmanas. Pero cuando se les pregunta a los señores de la guerra por qué permitieron esa guerra, entonces ellos responden que era por cuestiones de honor, o de patria o de defensa nacional, etc., etc., etc., y todo no es más que pretextos del Yo animal para justificar sus aberraciones. El Yo, el Ego, jamás va a aceptar su culpabilidad, siempre busca escapatorias intelectuales o misticoides con tal de afirmarse en la sinrazón.

P.: Perdone usted, ¿consideran ustedes el aborto como un asesinato, una forma de matar a un inocente?

R.: Absolutamente. El aborto es un crimen en toda regla. No se justifica el aborto porque la vida que se está gestando en el vientre de una mujer está controlada por el aspecto femenino de Dios, Dios Madre, o nuestra Madrecita interior particular de la cual hablamos cuando comentamos el cuarto mandamiento, ¿lo recuerda? Ella es quien pone en marcha las combinaciones atómicas en nuestro organismo que dan origen a un feto. Ella es quien une los átomos, las moléculas, las células, etc., para que luego exista un nuevo organismo humano habitado por un Alma. No es cierto eso que dicen muchos científicos de que el feto no siente dolor cuando se provoca el aborto, pues está comprobado que el mismo feto trata de esquivar los garfios que introducen los médicos cuando quieren arrojar al feto fuera del claustro materno. Esto fue demostrado por medio de una cámara de televisión en miniatura que filmó los instantes en que se intentaba producir un aborto, y las escenas son espeluznantes. Allí se ve al feto esquivando aquellos garfios que intentan agarrarlo por el cuello o la cabeza.

P.: Pero, a veces se ha dicho que es mejor provocar un aborto porque, de lo contrario, la madre puede morir si nace la criatura. ¿Qué opina la Gnosis de ello?

R.: Mire usted. Si la humanidad conociera las claves de la Gnosis, muchos de estos problemas se evitarían. Primeramente recuerde usted que la Gnosis conoce sistemas por medio de los cuales podemos tener vida sexual abundante sin riesgo de producir embarazos, y todo ello de forma natural. Eso es lo primero. Pero en un caso como el que usted me plantea, la Gnosis también tiene prácticas especiales por medio de las cuales se puede suplicar a las Jerarquías Divinas que arreglen esa situación. Por ejemplo, existen medios a través de los cuales se interrumpiría, de forma espontánea, ese embarazo, y la mujer queda exenta de culpa ante la Gran Ley Divina. De este modo esa mujer seguiría viva y no tendría en su corazón el estigma de haber asesinado a su propia criatura. Y le puedo decir más: es posible que las Jerarquías Divinas de las que le he hablado antes, consigan que nazca la criatura y la madre no muera tampoco.

P.: Pero, eso que usted me está diciendo sería poco menos que un milagro....

R.: Pues sí. Realmente los milagros existen, lo que pasa es que las gentes se han separado tanto de la vida espiritual que ahora hablar de milagros suena a “cuentos infantiles”. Pero debo decirle que, dentro de los grupos que practican la Gnosis, o el Gnosticismo, estamos acostumbrados a ver milagros. Las gentes hoy casi no creen en los milagros porque han sido defraudadas por muchas pseudoreligiones que se han vuelto materialistas, y ni siquiera los preceptores de tales religiones creen en sus propios preceptos. Esto se debe, obviamente, a que tales grupos religiosos se han divorciado de la espiritualidad científica y no tienen explicaciones para los fenómenos metafísicos extraordinarios o milagros.