Respondiendo Inquietudes 3/5

(extraído del libro Ontología Gnóstica)

P.: Dentro de esta temática, ¿podría usted decirme qué opina la Gnosis de un bebé que nace muerto?

R.: Con mucho gusto, querido amigo. El hecho de que un bebé nazca muerto nos está indicando ciertamente la aparición de un Karma (castigo) para los padres del mismo. Se trata de una antigua deuda kármica que deben pagar sus padres, y la pagan pasando por este tremendo dolor moral.

P.: Se ha comentado alguna vez que, durante la Alemania nazi, existieron programas para eliminar o asesinar sistemáticamente a los enfermos mentales o discapacitados mentales o físicos, para evitarles el tormento de vivir con esa discapacidad. ¿Ustedes que opinan de ello?

R.: Ya lo hemos dicho y lo volvemos a repetir: nadie está autorizado para cortar vidas ajenas. No se puede eliminar a otras personas alegando que son seres inferiores, o que representan un mal social, o que esas personas, en realidad, no tienen calidad de vida. Nada de esto justifica el matar a otras personas. La vida humana es una creación divina, y el hombre no está autorizado para segar la vida de sus semejantes. Cuando esto ha sucedido es porque se ha matado a otros, y los verdugos han sido sujetos llenos de odio racial o fanáticos de una doctrina religiosa o política, y todo eso no es otra cosa que el EGO ANIMAL actuando a sus anchas, respaldado por doctrinas políticas o ideológicas sin misericordia alguna.

P.: Y, ¿qué me puede decir de la eutanasia?

R.: Le respondo lo mismo que antes: es un crimen. Nadie puede segar la vida de otro semejante alegando razones humanitarias. Eso es un delito. Pero nuevamente le digo que, si las gentes conocieran la Gnosis, sabrían que hay procedimientos por medio de los cuales podríamos ponernos en contacto directo con las leyes superiores, y pedirles a esas leyes superiores que, en lo posible, por misericordia, detengan el sufrimiento de una persona que esté en coma, por ejemplo, o que tiene una espantosa enfermedad que se ha prolongado terriblemente y que, no teniendo cura, está martirizando al susodicho enfermo. Esto es otra cosa. Y muy distinto a eso de tomarnos por nuestra cuenta la justicia, e inmiscuirnos en la vida ajena para cortarla siguiendo nuestros conceptos de pseudoética y moral convencional.

P.: Me gustaría preguntarle algo. Resulta que un científico ruso llamado Jorge Sakosky descubrió una ley que él bautizó con el nombre de SOLIONENSUS. De acuerdo a esta ley, cada vez que en el Sol se producen tormentas eléctricas, éstas llegan luego a los mundos que constituyen nuestro sistema solar y producen, entre sus habitantes, guerras y masacres. ¿Es esto cierto?

R.: Ciertamente debemos decirle que la mente humana es influenciable por las energías que nos vienen del espacio. Recuerde usted, sin ir muy lejos, que a los dementes o locos se les aplicaba hasta hace un tiempo corrientes eléctricas con el propósito de calmarles su locura. Asimismo, la llegada de energías procedentes de una lejana estrella o conjunción de estrellas, o la llegada de las vibraciones del SOLIONENSUS, incitan a los seres humanos a actuar de una manera o de otra. Tomando en cuenta que la psiquis humana está poseída por el Ego animal, es entonces apenas normal que la mente reaccione de manera egoica, y se deje conducir por esas corrientes polarizadas entonces de manera negativa dentro del ser humano. Si el Ser humano tuviese dentro encarnado a su Real Ser, otro gallo nos cantaría. Entonces esas corrientes incitarían al ser humano a la liberación espiritual, a la Autorrealización Íntima de su Ser, pero ese no es el caso. Se comprobó que, en el antiguo Egipto, dos veces se manifestó el SOLIONENSUS. En la primera, el gobierno faraónico masacró a toda una población. En la segunda oportunidad, el pueblo atravesó con un cable de cobre a todos los funcionarios de una dinastía faraónica. Se sabe también que el SOLIONENSUS vibró durante la revolución rusa, e igualmente durante la primera y segunda guerra mundial. En estos casos millones de seres humanos se lanzaron a la guerra arropados por conceptos de patria, de bandera, de honor, etc., etc., etc. Todo esto atenta contra el quinto mandamiento.

P.: Usted me deja apabullado con todas estas explicaciones que me da. La verdad es que no había caído en la cuenta de todo esto que usted me ha relatado. Ahora bien, llegados aquí, me gustaría mucho que me aclarase también el sexto mandamiento. Si mal no recuerdo, este mandamiento dice “NO FORNICARÁS”. ¿Qué es esto?

R.: Amigo mío, permítame decirle que, acerca de este mandamiento, se han dicho muchas cosas y ha sido intencionalmente tergiversado. Este mandamiento originalmente quería decir “No perderás tus aguas seminales o aguas genesíacas”. Esto era originalmente lo que entrañaba el término “fornicación”. Después, las iglesias fracasadas, maliciosamente, buscando quedar bien con las multitudes, aceptaron que dicho término (fornicación) aludiese al hecho de “tener relaciones carnales”, o “tener vida sexual con alguien que no es nuestro cónyuge”. La realidad es que la fornicación no traduce “tener relaciones carnales o tenerlas con alguien que no es nuestro cónyuge”. La verdad original acerca de este término traduce: “acto por el cual el hombre pierde sus energías sexuales”. Al decir hombre debemos entender que es lo mismo para la mujer. La Biblia de antigua versión de Casiodoro de Reina (1569) y revisada por Cipriano de Valera (1602) nos dice en el capítulo titulado “Levíticos”, versículos 16 al 18, lo siguiente: “Cuando el hombre tuviere emisión de semen, lavará en agua todo su cuerpo y será inmundo hasta la noche. Y toda vestidura, o toda piel sobre la cual cayere la emisión de semen, se lavará con agua y será inmunda hasta la noche. Y cuando un hombre yaciere con una mujer y tuviere emisión de semen, ambos se lavarán con agua, y serán inmundos hasta la noche”. Lamentablemente, todo esto fue alterado por muchos exegetas de iglesias fracasadas, y ahora se asocia la fornicación al hecho de tener relaciones sexuales con otra persona que no es nuestro cónyuge. Esto último está ya señalado en el noveno mandamiento que dice “No adulterarás”. Por lo tanto, no debemos confundir el sexto mandamiento con el noveno mandamiento. Fornicar es un delito aunque lo hagamos con nuestra esposa o esposo.

P.: Pero oiga usted: los obispos católicos y rabinos hebreos dicen que estas leyes o prohibiciones se hicieron porque las gentes de entonces no eran muy aseadas, y se necesitaba que entendieran la necesidad de asearse... ¿qué me puede decir usted?

R.: Lamento decirle que todo ello es una gran patraña intelectual de algunas iglesias caídas en desgracia. ¿Cree usted que las gentes no sabían lo que era asearse en tiempos de Moisés? ¿Cree usted, realmente, que Moisés iba a perder el tiempo dictando cátedras sobre la higiene corporal? No. No. No. La Biblia es altamente simbólica. Fue escrita por Iniciados para ser entendida por Iniciados, ya lo hemos dicho antes. La verdad acerca de este sexto mandamiento es mucho más profunda. Perder las aguas seminales es un delito muy grave. A ello se refiere San Pablo cuando nos dice: “Todo pecado será perdonado, menos aquél que atenta contra el Espíritu Santo”. El Espíritu Santo, amigo mío, es la fuerza sexual presente en toda la Naturaleza. El hombre de las antiguas razas que nos han precedido en el curso de la historia, no fornicaba para reproducirse, aunque tenía relaciones sexuales con su mujer. Existió y sigue existiendo un método por medio del cual hombre y mujer pueden disfrutar del matrimonio y de la vida sexual (que es un legítimo derecho de la especie humana) sin llegar a la fornicación, es decir, sin perder sus aguas seminales...

P.: Pero, ¿dónde está ese método?, yo jamás he oído hablar de ello...

R.: Debo aclararle que en la doctrina cristiana antigua todo esto estaba muy claro. Pero a raíz del concilio del año 1300 después de Cristo celebrado en Nicea, y luego en el concilio de Trento celebrado en 1500, todo esto se tergiversó y se mutiló. Hoy existen muchas biblias cristianas pero mutiladas, y esto es muy grave...

P.: ¿Y ustedes los gnósticos conocen ese método de vida sexual?

R.: Claro que lo conocemos, pues nos ha llegado a través de la tradición gnóstica milenaria que ha resistido el paso de los milenios, a pesar de haber sido perseguidos y quemados en la hoguera muchos paladines gnósticos. Pero no somos los únicos que conocemos ese método. Hay en la India, en Pakistán, en Nepal y en algunas otras regiones del mundo, gentes que conocen la fórmula mediante la cual el hombre y la mujer pueden unirse sexualmente sin llegar a la pérdida de las aguas sexuales. A esto se le llama en la India “Tantrismo”, “Yoga Tántrica”, “Kundalini-Yoga” o “Agni-Yoga”, etc. En otros lugares a este sistema se le llama “Carezza”, y hasta han existido sociedades científicas como la comunidad Oneida que ensayaron este método en Estados Unidos de Norteamérica, logrando resultados extraordinarios, de los cuales sería muy largo hablar en esta entrevista. Todo ello reviste un capítulo aparte dentro de nuestros estudios.

P.: Pero, perdone usted la pregunta: ¿existe placer sexual en este tipo de relación?

R.: No sólo existe, sino que además usted puede prolongar el coito durante mucho tiempo. En cambio, utilizando el sistema sexual ordinario que todo el mundo conoce, una vez llegado el clímax, la relación termina fulminantemente, dejando un cierto desconcierto a los cónyuges y muchas veces un pequeño vacío que, con los años, se va aumentando y termina por crear tedio entre los cónyuges. Todo esto, más tarde, trae aparejada la desilusión y el adulterio tan común en nuestros días.

P.: ¿Y qué es lo que se busca con no fornicar?

R.: Pues simplemente que el ser humano vuelva a la Castidad científica, la misma que practicaban los antiguos profetas, santos, enviados y patriarcas del antiguo cristianismo. De esta manera el hombre y la mujer se reconcilian con las fuerzas divinas, y se abre ante ellos de nuevo el Edén del cual nos hablan las Sagradas Escrituras. Una pareja que no fornica comienza a desarrollarse espiritualmente y empieza a conocer realmente los misterios de la Naturaleza, de la vida y de la muerte. Así es como el ser humano se reconcilia con eso que llamamos “DIOS”.

P.: ¡Qué interesante, muy interesante!, ¡increíble!... ¿Es eso lo que significa, en la Biblia, el que Adán comiese la manzana que producía el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, en el Paraíso terrenal?

R.: Efectivamente, la manzana simboliza a la sexualidad y tragarse la manzana significa caer en el delito de la fornicación. Se dice, simbólicamente hablando, que el hombre original, el Adán bíblico, tenía el derecho de alimentarse con el aroma de las manzanas del Edén, pero no debía tragárselas y eso fue lo que ocurrió.

A partir de ello se dice que la Serpiente (tentadora) descendió del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, y Jehová la condenó a arrastrarse por el suelo como castigo. Indudablemente que este es también un lenguaje simbólico. La Serpiente representa los Fuegos Sagrados del Espíritu dentro del hombre. Tales Fuegos descendieron o se perdieron dentro del ser humano cuando éste conoció y practicó la fornicación. A partir de allí el hombre perdió sus facultades espirituales, de las cuales había sido dotado por haber sido creado a imagen y semejanza del creador. Se dice que luego, Adán y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos y fueron arrojados del Paraíso por un Ángel que Dios puso guardando la entrada de dicho lugar sagrado. Con esto se nos quiere decir que Hombres y Mujeres tenían condición angélica, pero cuando fornicaron perdieron su inocencia y sus poderes sobrenaturales, y todo ello quiere decir que la humanidad perdió sus vestiduras sagradas que antes poseía y se apartó del Edén de la Conciencia, o de las facultades que permitían que los seres humanos vivieran en armonía con la Naturaleza, con el Cosmos y con el Infinito que nos rodea.

P.: ¿Podría usted explicarme también el séptimo mandamiento, por favor?

R.: Con el mayor gusto. Recuerde usted que el séptimo mandamiento nos dice “NO HURTARÁS”, lo cual equivale a decir “no robarás”. Hurtar es un grave delito, pues despojamos a los otros de aquello que, probablemente, les ha costado mucho sacrificio obtener. Pero no olvide usted que, además, existen muchas formas de robar. Por ejemplo, podemos robar a otros el amor de su vida, los alimentos que necesitan para vivir, los documentos que les permiten trabajar y ganarse la vida, el dinero que se han ganado con mucho sacrificio en sus trabajos u oficios, las ideas que alguien ha tenido originalmente y nosotros las usamos como si fueran nuestras, las cosas sagradas de un templo religioso, cualquiera que sea la religión, los documentos que constituyen la historia o el patrimonio nacional de un país, los bienes que alguien ha legado como herencia para una causa, etc., etc., etc. El robo es un delito muy grave porque constituye un atentado contra la ética del Ser. El SER interior de cada uno de nos no quiere jamás mancharse sus manos ante la Gran Ley Divina, y para el Ser es bochornoso que el ser humano, su Alma humana aquí en la tierra, se manche con el delito del hurto. Todo lo que hace el Alma humana en la tierra repercute ante nuestro Ser, porque se obstaculiza la misión que él quiere realizar a través de nosotros. De este modo, si el SER tiene un objetivo cualquiera y que desea cumplir, pues entonces la Ley cobra al Alma humana sus delitos pasados o presentes, y todo ello dificulta en gran manera que el Ser desarrolle sus planes en nuestro mundo físico.

P.: ¿Y de qué manera somos castigados cuando robamos o hurtamos?

R.: Pues sencillamente sufriendo en nuestras carnes lo que hicimos a otros antes. Es decir, si robamos a alguien su dinero, pues luego nosotros seremos robados igualmente. Y si el dinero que robamos a alguien privó a esa persona de un bien necesario para su vida, pues entonces nosotros pasaremos privaciones terribles en nuestra existencia actual o en la siguiente. Mire usted, existen muchos mendigos que deambulan por las calles del mundo, olvidados por la sociedad, hambrientos, sucios y hasta enfermos. Esos sujetos pueden haber sido en existencias anteriores presidentes de un país y haber robado el dinero de sus conciudadanos para construirse hermosas mansiones, llenarse de lujos de toda especie en su vida personal, etc., etc., y como quiera que eso es un delito de lesa majestad, pues lo pagan llevando una o varias vidas miserables. Esa es la Ley.

P.: Entonces, ¿no debemos ayudar a los mendigos cuando los vemos en las calles de las ciudades?

R.: No, por favor, eso no es así. Es nuestro deber ante la Divinidad ayudar a los pobres, desvalidos y mendigos. Obviamente no debemos dar limosnas a los mendigos que sólo quieren dinero para beber alcohol o para comprarse drogas o estimulantes que atentan contra la salud. No. No olvidemos que ante la Gran Ley Cósmica, “Tanto Karma pagamos por el mal que hacemos, como por el bien que pudiendo hacer no hacemos”. De este modo es importante siempre hacer el bien cuidándonos de no estar cooperando con el delito.

P.: ¿Y cómo sé yo cuándo coopero con un delito, si yo mismo no sé para qué va utilizar un mendigo mi limosna?

R.: Pues primero observando cuidadosamente el mendigo. A veces el mismo mendigo expele olor a alcohol, y en tal caso es obvio que usa el dinero para el alcohol. Otras veces vemos en su piel cicatrices producto de inyecciones de drogas, etc., etc. En estos casos es fácil saber cómo reaccionar. Pero lo ideal es desarrollar la intuición, amigo mío. Y para ello la Gnosis le ofrece muchas prácticas especiales para alcanzar tal facultad. Empero, más allá de estas consideraciones, lo que cuenta es que, ante Dios, usted no sea una persona de corazón duro y haga el bien cada vez que pueda. En el fondo la persona que recibe la ayuda o limosna deberá rendir cuentas de lo que hace con esa aportación.