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LA CAÍDA Y LA REDENCIÓN DEL ALMA SEGÚN LA GNOSIS
Un aspecto verdaderamente trascendental
relacionado con el problema de la salvación del alma es precisamente abordado,
desde hace siglos, por la Gnosis y las distintas expresiones que esta ha tenido
a través de los milenios. El Dr. Serge Hutin, de la Universidad de la Sorbona,
de París, nos relata en una de sus obras (un opúsculo denominado Los Gnósticos) lo siguiente:
“Para la Gnosis, el alma, la parte superior del
hombre, es siempre un fragmento luminoso sustraído de la divinidad y
aprisionado en la Tierra: hubo en los orígenes un descenso, una caída de la
luz. Esta caída es imaginada a veces de una manera sexual: la simiente divina
se pierde, se infiltra en la matriz, que es el caos, la materia, pero el Salvador
la recupera atrayendo hacia él las almas elegidas”.
“En
el maniqueísmo, en cambio, hallamos una caída involuntaria: el hombre
primordial descendió a las tinieblas para combatirlas
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pero estas lo aprisionaron, y sólo pudo liberarse abandonando su corazón
de luz. Son los fragmentos de luz que, mezclados con la materia tenebrosa,
formaron el mundo. Se tratará de desprender de su carga a la sustancia
luminosa: en la Creación, las partes superiores esperan el momento en que serán
liberadas. Se vuelve a encontrar aquí la idea fundamental de toda Gnosis: un
elemento divino se ha extraviado en las regiones inferiores; se tratará de
recuperar este elemento divino hundido en la materia”.
“El problema del gnóstico es saber de qué modo su
alma, que es una chispa divina, podrá retornar a las regiones superiores desde
donde ha caído”.
Un texto
gnóstico antiguo nos dice:
“Desde
que fui unido a la carne -dice un salmo maniqueo que canta las desdichas
del alma- olvidé mi divinidad.
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